miércoles, 15 de noviembre de 2017

La ruta del río Maçãs desde Quintanilha (13 de octubre de 2017)

Tras dormir en un albergue próximo a Miranda do Douro, nos hemos desplazado hasta Quintanilha, otra localidad casi fronteriza con España.
En el desplazamiento hemos vuelto a entrar en España, hemos pasado por la localidad zamorana de Alcañices y hemos tomado ahí la N-122 para pasar nuevamente a Portugal. En la frontera nos topamos con un control policial mixto, con personal tanto de la Guardia Nacional Republicana (GNR) portuguesa como de la Policía Nacional española, que nos para a ambos coches. Una vez mostrados los papeles y verificado que somos gente orden, nos deja seguir. Estamos ya al lado de nuestro destino.

Quintanilha, situada a 675 m. de altitud, es conocida a ambos lados de la frontera por su romería anual a la Capela de Nossa Senhora da Ribeira, popularmente conocida como la Virgen de la Ribera o Riberiña. Es también punto de paso del Camino Portugués de la Vía de la Plata y de hecho la localidad cuenta con un albergue de peregrinos.

Nuestra intención es hacer una ruta circular en paralelo al río Maçãs, un curso de agua que hace frontera entre Portugal y España durante más de 30 kilómetros y que los vecinos de la comarca zamorana de Aliste llaman río Manzana.

Vamos a enlazar dos senderos de pequeño recorrido, los catalogados como BGC PR-1 y BGC PR-2. Hay que aclarar un par de cosas: que la abreviatura BGC hace referencia a Bragança, ciudad que dista de aquí apenas 20 kilómetros, y que en Portugal los senderos de pequeño recorrido se señalizan en Portugal con marcas de pintura amarilla y roja.

Aparcamos nuestros coches en la parte baja del pueblo, junto a la iglesia, y nos preparamos para la caminata. Echamos a andar calle arriba y despreciamos las primeras marcas de pintura, a mano derecha, que toman un camino que conduce a un área recreativa y que será por donde volvamos al pueblo a la tarde. Encontramos más para arriba una fuente con caño y abrevadero, junto a la cual arranca el camino que esta vez sí tomaremos.



La iglesia



Otra iglesia muy distinta



El pilón


En esta primera parte de la excursión vamos a caminar algo alejados del río Maçãs, a unos 100 metros de altura por encima de su cauce. Estamos por encima de los 25 grados de temperatura, pese a ser ya octubre. Sale algún que otro paraguas a escena, pero para ser usado a modo de quitasol.

















Tras cruzar varias vaguadas, comenzamos a ascender y dejamos ligeramente a nuestra derecha el cerro de Cabees Grande, que no entra en nuestros objetivos.
Pasamos junto a lo que debió ser en tiempos una casa forestal, una edificación grande pero actualmente abandonada, llena de escombros y parcialmente ruinosa. Un poco más adelante decidimos para a comer en el interior del pinar, saliéndonos ligeramente a la derecha de nuestro camino. Después de la comida toca un rato de siesta, momento en que uno de nosotros recibe una buena noticia. No, no es que le hayan hecho papá.














Reanudamos la marcha y enseguida comenzamos a torcer hacia la derecha y a perder altura. Nos encaminamos hacia el río. Se intuye ya el encajonamiento por el que discurre y se divisa, al otro lado y en alto, un pueblo, que debe ser Nuez y pertenece a la provincia de Zamora.


















Nuez allá arriba





Llegados al río Maçãs o Manzana, hay que decir que está prácticamente seco. El río no fluye, como sería lo esperable. Una víctima más de la sequía. Quedan algunas charcas, pero en el punto en el que estamos es posible cruzar al otro lado, el lado español, caminando sobre las piedras que forman su lecho. Hay en España una antigua construcción hecha con lajas de pizarra. Se trata de un molino. Un letrero medio borroso lo llama Molino del Ujo.



Río Maçãs



El cauce seco en algunos tramos



Molino del Ujo






Algo de agua queda








Nuestro sendero continúa ahora a lo largo de la orilla portuguesa del río Maçãs. Curiosamente a lo largo de la orilla española discurre otro sendero de pequeño recorrido marcado con pintura blanca y roja. Los senderos portugueses, ya lo dijimos al principio, tienen marcas amarillas y rojas. Contrariamente a la lógica, los senderos son en Portugal más rojigualdas que en España. Qué cosas. Que alguien haga rápidamente algo por eso del patriotismo constitucional, por favor.








Descendemos el río Maçãs, aunque esté medio seco, disfrutando si no del fluir del agua, sí al menos de los colores otoñales del arbolado de ribera. Pasamos junto a una espléndida aliseda y un poco más adelante junto a un área recreativa. Esta última es el Parque de Merendas do Colado y tiene, al menos en teoría, una fuente, la Fonte Ferrada.


















Aliseda












Parque de Merendas do Colado


En apenas un kilómetros, después de dar la espalda al río y superar una última cuesta, entramos en Quintanilha, dando por finalizada esta ruta. El paseo ha tenido una longitud total de 13,5 kilómetros, con unos 450 metros de desnivel (entre unos 600 metros de cota mínima y unos 750 metros de máxima).

Nos ha sorprendido la variedad de la vegetación que hemos ido observando a lo largo de la ruta. En la primera parte, olivos, encinas, robles, alcornoques, castaños, pinos, madroños, jaras, escobas, brezos, etc.; en la segunda, la que transita a lo largo del río Maçãs, vegetación anterior da paso a otra de ribera, destacando los chopos y los alisos, que se alternan también con los robles.

Uno de los bares del pueblo está aún abierto y entramos en él a tomarnos una ronda. No hay cerveza sin alcohol y es que no parece que la sin alcohol se estile mucho por Portugal, como iremos comprobando en este viaje.

Nos toca ahora coger los coches y dirigirnos a Bragança, que es donde vamos a pasar las dos noches siguientes.

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domingo, 12 de noviembre de 2017

Del puente del Congosto al cerro de la Cachiporrilla (5 de noviembre de 2017)

Tras quedar a tomar el café en Lozoya, retrocedemos con los coches para aparcarlos en una entrada que hace la M-604 a la altura del Puente del Congosto. Iniciamos desde aquí está ruta circular en la que seguiremos el sentido de las agujas del reloj.








Comenzamos descendiendo para cruzar las aguas del río Lozoya por el Puente del Congosto, una construcción en piedra de cantería que data de época medieval y que se conoce también como Puente de Cantos.






Puente del Congosto


A partir de aquí habrá que empezar a subir, caminando a ratos fuera de sendero, en dirección al cordal que conforma los Altos del Hontanar y que cierra el valle del Lozoya hacia el sur.














Alcanzado el cordal, lo seguimos hacia la derecha, tomando como referencia el vallado que separa los términos municipales de Lozoya y de Canencia.


























Tras dejar atrás una caseta de vigilancia de incendios que hay nada más pasar la Cachiporrilla Bajera, nos sentamos a comer, bien pegados a un muro de piedra para protegernos del viento. En este momento pasa junto a nosotros un grupo de senderistas bastante numeroso.














Nada más reanudar la marcha, pasamos por la cumbre alomada de la Cachiporrilla (1.620 m.), que teníamos prácticamente al lado, e iniciamos el descenso, atravesando un pequeño robledal.




















Pasamos una alambrada por debajo y perdemos bruscamente altura hacia el embalse de Pinilla. Poco a poco la pendiente va suavizándose y terminamos por salir a un camino carretero que nos lleva en la buena dirección.





















































Al final, la ruta resulta ligeramente más larga de lo previsto. Han salido un total de 13,5 kilómetros. Decidimos parar de vuelta a Madrid en La Cabrera, donde entramos en la cafetería del hotel Mavi a tomar unas cervezas y unas tapas.