lunes, 28 de mayo de 2012

Por el Bosque de Riofrío y el Soto de Revenga (20 de mayo de 2012)

Teniendo en cuenta que el pronóstico para el fin de semana era de tiempo inestable con posibles lluvias, no nos planteamos hacer una ruta propiamente montañera. Optamos esta vez por el senderismo en llano. Esto demuestra que somos gente con recursos, con cintura y que nos quedan aún muchos conejos... en la chistera.
El objetivo era conocer dos espacios naturales que se extienden por el piedemonte segoviano de nuestro querido Guadarrama: el Bosque de Riofrío, un cazadero al que nuestros Borbones han ido con frecuencia a pegar tiros, y el Soto de Revenga, una dehesa comunal poblada de seculares fresnos.
Echamos a andar desde Revenga cuando aún no ha dejado de llover y por la calle del Pozo y la plaza de San Roque tomamos el camino que sale del pueblo y pasa junto a la ermita de San Roque.


Es un camino empedrado a tramos, que al principio discurre entre campos salpicados de encinas para más adelante hacerlo entre verdes praderas cercadas por muretes de piedra. Unas vacas que pastan en el prado se nos quedan mirando fijamente. ¿Pero es que tenemos monos en la cara?


Cruzamos la autovía de peaje a Segovia y la vía del ferrocarril por un paso elevado, y en poco tiempo llegamos a la Puerta de Castellanos, una de las cuatro puertas que se abren en el muro de piedra de 12 km. de perímetro que delimita el Bosque de Riofrío, cerrada permanentemente al público, cosa que por otra parte ya sabíamos o ya habíamos leido. Todo controlado. Aquí se estudia bien la partitura antes del concierto. Se trata de desafinar lo menos posible.

Puerta de Castellanos

A partir de aquí caminamos un rato por el arcén de la carretera en dirección a Navas de Riofrío, cruzando el río de dicho nombre tras una serie de curvas bastante cerradas. No es una carretera en la que haya mucho tráfico, por fortuna.


A pesar de que hace un rato lucía el sol, entramos en Navas de Riofrío bajo una fuerte granizada. En primavera ya se sabe que el tiempo está como una cabra.


Pretendemos tomar desde este pueblo un atajo que nos lleve hasta la entrada al Bosque de Riofrío. Tras algunos titubeos y preguntar a dos vecinos, parece que damos con un camino que tira en la buena dirección.

Llegamos frente a la Puerta de Madrid, donde hay un control de acceso al Bosque de Riofrío. El guarda nos informa de que no está permitido entrar con perro, ni siquiera llevándolo atado, lo que obliga a Marcelo, que ha traido hoy a Cacho, a quedarse fuera.
A Marcelo y Cacho no les va a quedar otra que rodear el muro perimetral del Bosque de Riofrío por donde hemos venido y reunirse con nosotros en la Puerta de Hontoria, situada en el extremo opuesto de esta otra en la que estamos.

El Bosque de Riofrío es un antiguo coto de caza, situado a dos leguas a poniente de La Granja, que el rey Felipe V solía frecuentar y que su segunda esposa, la parmesana Isabel de Farnesio, adquirió en 1752, cuando ya había enviudado de él, para mandar construir un palacio.
La visita a este espacio está sometida a severas restricciones: peatones y ciclistas no deben abandonar la carretera que lo atraviesa; los coches pueden circular pero sin superar los 50 km./hora ni detenerse.

El Palacio de Riofrío, de aires italianos, tiene planta cuadrada de 84 metros de lado y tres plantas de altura. La Farnesio residió en él apenas unos pocos años. Con posterioridad solo ha sido utilizado por nuestros reyes en sus habituales jornadas de caza, si exceptuamos las breves estancias de Francisco de Asís, marido de Isabel II, y de Alfonso XII, que pasó aquí unos días en 1878 tras la muerte de su joven esposa María de las Mercedes.
El edificio se halla situado sobre una plataforma en alto, desprovista de arbolado, lo que hace que pueda distinguirse con claridad cuando se camina por la Mujer Muerta y otras alturas de nuestra sierra.



El Bosque de Riofrío es una dehesa poblada por encinas y fresnos de porte corpulento, en la que resulta relativamente fácil avistar gamos e incluso ciervos. así como diversas rapaces, fundamentalmente milanos, águilas y buitres.




Atravesamos el bosque siguiendo la carretera de punta a punta y cumpliendo la normativa escrupulosamente. Es un trayecto de unos tres kilómetros y medio que se extiende entre la Puerta de Madrid, por la que hemos entrado, y la Puerta de Hontoria, en la que nos van a estar esperando Marcelo y Cacho.
En los avistamientos no tendremos mucha suerte y apenas divisaremos un pequeño grupo de cuatro o cinco gamos a bastante distancia. Quizá sea porque este tiempo tormentoso los ahuyenta o porque el amanecer y el atardecer son momentos más propicios para que se dejen ver.
Cuando ya estamos llegando a la Puerta de Hontoria, nos damos la vuelta para contemplar una hermosa vista del palacio, que queda en alto, con el fondo de la Mujer Muerta, cubierta por la nieve que ha debido de caer esta misma noche.


Al otro lado del muro, tras reunirnos de nuevo con Marcelo, nos sentamos a comer en una campa con buenas vistas. Como ya es habitual en él, Marcelo ha traido tortilla de patata y Maite nos sorprende con un poco de pacharán de la cosecha de Irati.


De camino a Hontoria nos saldremos de la carretera, caminaremos un rato campo a través y saltaremos algunos cercados de piedra. Incluso cruzaremos las vías del tren.


A la entrada de Hontoria nos llama la atención un nido de cigüeñas que hay en lo alto de un poste de electricidad. Nos preguntamos por qué las temerarias cigüeñas eligen una ubicación tan peligrosa para su hogar y si más de una no morirá a consecuencia de una descarga eléctrica.


En Hontoria tomamos el GR-88, que en su mayor parte discurre por tierras segovianas y que viene a ser una variante del GR-10, con el que enlaza en el collado del Hornillo (Montes del Escorial) y en el embalse del Pontón de la Oliva.
Este tramo del GR-88 que vamos a hacer, entre Hontoria y Revenga, sigue el trazado de la Cañada Real Soriana Occidental.

Un poco antes de llegar al depósito de agua de La Atalayuela

Pasamos junto al depósito de agua de La Atalayuela, salvamos la autopista de peaje a Segovia por un paso elevado y, nada más cruzar la carretera asfaltada que une los reales sitios de La Granja y Riofrío, entramos en el Soto de Revenga, una hermosa dehesa comunal a la que los vecinos del pueblo sacaban sus vacas a pastar.
Dejamos a nuestra izquierda la ermita románica de Santa María.
Las verdes praderas, encharcadas con las lluvias primaverales, aparecen salpicadas de hermosos y centenarios fresnos, aunque hay también alguna que otra encina. Hasta mediados de los ochenta predominaban los olmos sobre los fresnos pero la plaga de la grafiosis dio al traste con ellos.





Enlaces


viernes, 25 de mayo de 2012

Subida a la Tonda desde Tamajón y bajada hasta Muriel por las Hoces del Sorbe (12 de mayo de 2012)

Esta propuesta consistía inicialmente en una ruta circular desde Tamajón, subiendo inicialmente al pico de La Tonda y bajando a continuación a las Hoces del Sorbe. Una vez en Muriel, volveríamos a Tamajón siguiendo el GR-10.
No era una ruta de mucho desnivel, en total de poco más de 400 metros. Ante tamaña propuesta, Raquelchu dijo algo de que estábamos cayendo muy bajo. Y más bajo caíamos aún al final, como luego se verá.

Al llegar a Tamajón (1.033 m.), compramos pan y unos bollus preñaus donde siempre, a la entrada. Y el café, pues donde siempre, en El Frenazo.

Salimos del pueblo por detrás de la iglesia, tomando el camino que se dirige hacia el cerro de La Tonda. Pronto pasamos junto a una pequeña laguna que se ha originado en lo que antiguamente era una cantera o gravera.



Salimos por detrás de la iglesia


Laguna


A nuestra izquierda, por detrás de unas suaves lomas cubiertas de pinos, descuella la elegante silueta del Ocejón.


Asoma la puntita del Ocejón y estos, que iban por delante, dan la vuelta


Tras dejar atrás un bosquecillo de robles, aún pelado, nuestro camino asciende progresivamente por monte cubierto de jaras y matorral. Una auténtica solanera por la que el astro rey nos castiga y de qué manera. En este tipo de situaciones tiendo a ponerme en cabeza y a acelerar el paso para no escuchar los improperios que lanzan por detrás.


Ozú, qué caló


El calor pega de lo lindo y ya hay alguna que otra nenaza que hace amago de darse la vuelta y dar por concluida la ruta. Parece mentira que el domingo pasado, hace seis días, pasáramos algo de frío en la cumbre del Reajo Alto.

Unos pocos desprensivos nos llegamos hasta la cumbre de La Tonda (1.242 m., vértice geodésico y antena), mientras las nenazas se quedan a escasos 50 metros de coronar, a la sombra de unos pinos. Qué bajo estamos cayendo, madre mía, si Roberto el gaditano, el Webmaster, levantara la cabeza... Y eso que el desnivel desde el pueblo hasta aquí ha sido escandalosamente ridículo, poco más de 200 m. Bueno, tampoco hagamos sangre.


Vista del Ocejón mientras nosotros miramos hacia la sierra de la Puebla


¿Subidos al paraguas?


Yolanda se come un yogur


Continuamos hacia una cumbre gemela, un poco más baja y más al este, que llaman mirador de La Tonda (1.227 m.). Desde aquí se columbra ya el tajo o estrechamiento que forman las hoces del río Sorbe. Al otro lado del barranco se yergue la Sierra Gorda, con el pico Santotis, al que algunos montañeros con un currículum impresionante aún no han subido.




José Manuel se protege del sol con un ancho paraguas, recordándonos que no solo vale contra la lluvia y que puede hacer las veces de sombrilla. Maite comenta muy oportunamente que parece salido de la peli Paseando a Miss Daisy.




El camino sigue y desciende hacia las hoces. Se aprecian restos de trincheras de la Guerra Civil. Según leemos el río Sorbe hizo de divisoria entre las tropas nacionales, al oeste, es decir, al lado en que nos encontramos, y las tropas republicanas, al este, al otro lado del río.






Seguimos descendiendo por la cuerda cubierta de jara, pero por aquí ya sopla un poco de aire y no hace tanto calor. Frente a nosotros se levanta un peñasco (¿Peña Aguda?) y al llegar a sus pies, el camino muere bruscamente.




La duda es qué hacer ahora: si rodear el peñasco y seguir de frente, por el cordal, si descender hacia el Sorbe, a nuestra izquierda, por fuertes pendientes, o si echarnos hacia el barranco que queda a nuestra derecha, por pendiente menos pronunciada. Optaremos por bajar directamente hacia el río Sorbe, pues Josete ha descubierto algo que se parece a un antiguo camino, salvo José Manuel y Reyes, que no lo ven claro, y con razón, y se decantan por la primera opción.


Bajada a lo kamikaze


El riesgo de esta bajada es enzarzarnos o embarrancarnos y al final terminará por pasar un poco de ambas cosas. El supuesto camino se difumina pronto y a partir de ahí hay algunos hitos dispersos que nos van bajando por entre las rocas. Es el momento de echar mano de las manos, valga la redundancia, y también de los culos.




Con un poquito de canguelo y a sentadillas las nenazas y los nenazas vamos perdiendo altura hasta llegar a la zona de zarzas. Aquí Raquelchu sufre un principio de mareo o lipotimia, no sabemos si por efecto del calor o es que padece de zarcitis o fobia a las zarzas. El caso es que José Antonio se ve obligado a desdoblarse y a multiplicarse para ayudar a Raquelchu, por un lado, y a Maite, por otro, enredadas entre las zarzas. Maite luce pronto unos aparatosos arañazos que le van a impedir ponerse faldas por una temporada y a Raquelchu hay que darle agua pues se la ve fundida. No parece la Raquelchu de Bilbao a la que estamos acostumbrados.

Al llegar a las orillas del río Sorbe, que nace a escasos kilómetros de aquí, en el hayedo de Tejera Negra, la cosa cambia. El ambiente es más fresco y caminamos bajo el soto que se extiende por su orilla y nos da sombra. A ratos, el camino se separa un tanto del cauce y atraviesa algún canchal pedregoso pero pronto vuelve a aproximarse de nuevo hasta el río. De José Manuel y Reyes no sabemos nada. No tenemos idea de si irán por delante o por detrás, o si incluso se habrán vuelto para Tamajón.






El hambre aprieta y hacemos una parada a la orilla del río para comer. Antes algunos se refrescan un poco metiendo los pies en el agua. La cosa se va animando y desmadrando, y algunos terminaremos por darnos un chapuzón. No hemos traido bañador pero como hay confianza el personal va quedándose literalmente en bragas y en paños menores.


Relax tras la tensión


Hombre al agua


En este tramo del río hay algo de corriente y a Gina, que se mete en el agua confiadamente, casi la arrastra. Menos mal que Josete andaba cerca y pudo alargarle un bastón para que se agarrara.

Tras la comida sesteamos un poco e Inés se apercibe de la presencia de un sapo que lleva inmóvil un buen rato sobre una piedra. Su quietud y su color oscuro lo hacen mimetizarse y pasar casi desapercibido. Sus ojos grandes de color dorado, con la pupila horizontal, nos miran con fijeza.


El sapo inmóvil


Es un sapo común (bufo bufo) de considerable tamaño. Debe tratarse de una hembra, pues las hembras son más grandes que los machos, pudiendo alcanzar los 15 cm. de longitud frente a los solo 10 cm. de los machos. Presentan piel rugosa, recubierta de glándulas que segregan un líquido tóxico e irritante.

Nos ponemos a hacerle fotos como locos y él se hace el loco, permaneciendo inmóvil. Finalmente se mueve y se zambulle en el agua, comenzando a bucear y a bracear lentamente.


Al final se mueve




Estos animales se alimentan de insectos. Para cazar aplican la estrategia de quedarse totalmente inmóviles, a la espera de que llegue alguna presa desprevenida, sacando entonces la lengua a gran velocidad para engullir a su víctima.

Tras el espectáculo aparecen por sorpresa José Manuel y Reyes, que venían por detrás. Seguimos todos juntos nuestro camino. Pronto nos cruzamos con un grupo de pescadores en plena faena. Nos explican que es un tramo de pesca sin muerte y que la trucha que han pescado la han devuelto al río.


Zona escarpada


Recorremos un tramo muy hermoso del río Sorbe, en el que el soto o bosque de ribera se mantiene en un excepcional estado de conservación, haciendo las delicias de los fotógrafos. Son unas alisedas espléndidas, que conforman umbrosos bosques de galería y que quedan incluidas dentro del Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) denominado Sierra de Ayllón, que está protegido por la Directiva de Hábitats de la Unión Europea. Dominan los alisos (alnus glutinosa), aunque también se dan los fresnos (fraxinus angustifolia) y otras especies.
Se trata de un paisaje poco alterado por la mano del hombre. Aguas arriba del punto en que estamos se ubica el pequeño azud del Pozo de los Ramos, inaugurado en 1972 para derivar agua del Sorbe al canal del Jarama y para que así pueda ser utilizada por el Canal de Isabel II para el abastecimiento de Madrid. No obstante, este azud tenía un carácter provisional, pues ya existía el proyecto de construir una gran presa de hormigón para regular el caudal del río. Por fortuna tal proyecto se encuentra actualmente paralizado.




El agua se remansa y llegamos junto a una pequeña presa de piedra de la que nace un canal o caz que el río alimenta.




Un poco más adelante, a la altura de un merendero, nos topamos con un grupo de gente con niños que guardan en un cubo un cangrejo que han cogido del río. Nos lo muestran y resulta ser un cangrejo señal (pacifastacus leniusculus), una especie invasora, al igual que el cangrejo rojo americano (procambarus clarkii), que han colonizado casi todos nuestros ríos y constituyen una amenaza gravísima para los ecosistemas y las especies autóctonas, en especial para el cangrejo de río autóctono o ibérico (austropotamobius pallipes), casi exterminado totalmente y hoy en peligro de extinción.




El cangrejo señal o cangrejo del Pacífico es originario de la costa oeste de Norteamérica y fue introducido en 1960 en Suecia y posteriormente en toda Europa.
Sus pinzas o quelas poseen una característica mancha blanca de la que procede el nombre de cangrejo señal.
Son de color marrón, con tonos azulados a rojizos. La parte ventral del cuerpo presenta un color azul intenso y la cara ventral de las quelas un color rojizo.
Los machos alcanzan longitudes de 15-16 cm. y las hembras de 12 cm.
Es omnívoro. Se alimenta de la vegetación y los insectos que se encuentran en el fondo del agua, así como de la vegetación de la orilla. Prefiere las hojas de aliso o arce a las de roble o fresno. Practica también el canibalismo, sobre todo al aumentar de tamaño con la edad.


El cangrejo señal y las manchitas blancas en las pinzas


La cara ventral del cangrejito


En cuanto al cangrejo de río autóctono o ibérico, resulta muy raro de ver. Es especie protegida y no puede pescarse. Quedan pocos ejemplares en nuestros ríos. La mayoría de ellos desapareció a consecuencia de la sobrepesca, de la contaminación medioambiental y, sobre todo, de la introducción y expansión de los cangrejos rojos americanos, soltados por vez primera en 1974 en el coto de Doñana. El problema es que los americanos, portadores de un hongo, aniquilan a los españoles con el solo contacto, provocándoles una enfermedad llamada afanomicosis o peste del cangrejo, que les causa una mortandad del 100 %. Curiosamente los cangrejos americanos nunca llegan a desarrollar la enfermedad. Y lo más sangrante es que su introducción en Doñana estuvo auspiciada por la universidad estadounidense de Louisiana. Manda huevos, que diría nuestro querido Federico Trillo.
En la actualidad el cangrejo autóctono ha quedado relegado a pequeños tramos del curso alto de algunos ríos, allí donde las aguas se mantienen muy puras y donde el cangrejo rojo no ha conseguido llegar.
La extinción del cangrejo autóctono es catastrófica desde un punto de vista ecológico, pues se alimenta de detritus, contribuye a mantener limpio el medio acuático y evita la contaminación orgánica (eutrofización), mientras el cangrejo rojo arrasa con todo ser viviente (huevos, alevines, renacuajos, algas, etc.), empobreciendo los ecosistemas. Por si fuera poco, el sabroso cangrejo autóctono tiene unas cualidades culinarias muy superiores al insípido cangrejo rojo.

Este del cangrejo señal ha sido un inesperado encuentro, casi más inesperado que el del sapo, tras lo cual el tiempo comienza a ponerse feo. La tormenta acecha. Apretamos el paso. La lluvia nos pillará en la carretera de acceso a Muriel. Capas, chubasqueros y cubremochilas hacen su aparición.

En Muriel nos resguardamos en el bar El Mirador. La lluvia cae incesantemente y ni siquiera tras una segunda ronda de cervezas mejoran las cosas. En estas condiciones se antoja complicado seguir por el GR hasta Tamajón.




Alguien no autorizado negocia con unos del bar que tienen coche para que lleven a nuestros conductores hasta Tamajón. Las negociaciones fructifican y la ruta, nuestra ruta, se da por concluida. Tendremos que hacer el GR entre Muriel y Tamajón, que no conocemos, en otra ocasión. Triste epílogo para un gran día. Estamos cayendo muy bajo, casi a la altura del betún.

Cuando nuestros conductores vuelven al bar de Muriel para recogernos, sigue lloviendo con ganas. Despedida sin muchos preámbulos y para casa.

jueves, 17 de mayo de 2012

En la Axarquía (del 28 de abril al 2 de mayo de 2012)

Estos días pasados en la Axarquía han sido días de chiringuito y tenderete. Salimos de Madrid a la buena de Dios, sin tener decidido el lugar donde pernoctar. Al llegar a nuestro destino, encontramos acomodo en el área recreativa El Alcázar, situada en el término municipal de Alcaucín. El alojamiento colmó sobradamente nuestras expectativas. Tanto es así que pasamos allí las cuatro noches.

Los pueblos blancos de la Axarquía se recuestan en las laderas de las sierras de Tejeda y Almijara. Algo tienen de la magia hipnótica de los pueblos alpujarreños. Algo tienen que chifla a los guiris británicos y germánicos, de piel clara y cabellos rubios. Mar y montaña. Sol y nieve.

He dicho sol pero lo cierto es que durante los primeros días tuvimos lluvia en forma de intensos chaparrones. Una gota fría andaba sobre nosotros y se resistía a irse. Los expertos dicen que se trataba de la tormenta Petra. Pero nosotros tenemos nuestras dudas al respecto y nuestras propias teorías. Lo achacamos todo más bien a Frigiliana y, especialmente, a la madre de Maldonado, que parece gozar llevándonos por la calle de la amargura.

Pero aun así, la madre de Maldonado no consiguió evitar que subiéramos al pico de la Maroma, el más alto de la sierra de Tejeda y el dos mil más occidental de toda Andalucía. Una ascensión, con nieve y todo, que nos dejó un gran sabor de boca.

Este lugar me da grima


La Axarquía

Esta comarca montañosa de pueblos blancos, con capital en Vélez-Málaga, se sitúa en el extremo más oriental de la provincia de Málaga.

Durante la Edad Media pasó a depender administrativamente del Emirato y Califato de Córdoba en un primer momento, así como del Reino Nazarí de Granada con posterioridad.
El nombre de la comarca deriva del vocablo árabe as-sharq o as-sarq, que para los malagueños andalusíes significaba el oriente, el levante, es decir, el lugar por donde se produce el xuruuq o salida del sol. En el diccionario de la RAE encontramos la voz jarquía, que deriva de esta misma raíz árabe y se define como distrito o territorio sito al este o al oriente de una gran ciudad y dependiente de ella.
Comenzó a emplearse el nombre de Axarquía para designar, por extensión, a todas las tierras situadas a levante de la ciudad de Málaga, oponiéndose al término al-garb, el poniente, que ha dado nombre a otra comarca, el Algarve portugués, que constituye algo así como el finisterre en el que se funden la tierra y las aguas del Atlántico. Y es que el Algarve y la Axarquía representan dos de los confines de los dominios andalusíes en nuestra Península.

Su clima mediterráneo de temperaturas suaves ha propiciado el desarrollo de cultivos subtropicales como la caña de azúcar, el aguacate, el chirimoyo, el guayabo o el mango.

El sendero de gran recorrido GR-242, que se extiende de Periana a Nerja, es una interesante opción para permite recorrer los principales pueblos de la comarca (Alcaucín, Canillas de Aceituno, Sedella, Canillas de Albaida, Cómpeta, etc.). Son un total de 81 km. que pueden hacerse en cuatro etapas.

Al pasar el Boquete de Zafarraya entramos en La Axarquía y divisamos La Maroma

Hay que hacer notar que la palabra Axarquía, al igual que MéxicoTexas o Xerez, conserva la grafía del castellano antiguo y se escribe con x, pero constituye un error ortológico articular la x como ks, gs o s, pues su pronunciación evolucionó a partir del siglo XVI y actualmente suena como j.
Es también correcto, aunque de uso minoritario, escribir Ajarquía, o incluso Jarquía, empleando la grafía comtemporánea.


El axarco, la moneda de la comarca

Pocos son los que saben que la Axarquía cuenta desde 1988 con una moneda propia que ha resistido al euro: el axarco.
El creador e impulsor de esta moneda fue Antonio Gámez, nacido en Vélez-Málaga y fallecido en 2007, licenciado en Química, profesor de Instituto y aficionado a las letras y a la historia andaluza.
La idea de crear esta moneda se inspiró en el hecho de que la Axarquía ya había tenido su propia moneda durante el periodo 1480-1490, privilegio que le fue concedido por el sultán granadino Muhammed XIII, conocido por los cristianos como El Zagal (El Valiente), penúltimo rey nazarí, hermano del rey Muley Hacén y tío de Boabdil.

Un axarco equivale a 100 pesetas o 60 céntimos de euro (0,6 euros) y cada axarco se subdivide en 10 axarquillos o fracciones, es decir, un axarquillo es una décima parte de axarco.
Conviene señalar que el axarco no pretende, al menos en un principio, competir con el euro. Mediante su emisión y puesta en circulación se busca promocionar la comarca a nivel turístico y reivindicar su cultura y sus costumbres.
Su circulación es muy limitada, debido a que la mayoría de billetes y monedas de axarco son guardados por coleccionistas.
En algunos establecimientos o tiendas, especialmente en los pueblos del interior, pueden verse carteles en los que se anuncia que se admite el pago con axarcos. Nosotros no supimos durante el viaje de la existencia de los axarcos, ni vimos ningún cartel, ni leimos ningún tipo de referencia sobre ellos. Nos hemos enterado de toda esta historia a la vuelta.

Billetes
Los billetes de axarco funcionan como pagarés o cheques al portador, con un contravalor que está respaldado por una cuenta bancaria en Unicaja.
Se han imprimido billetes con los siguientes valores: un axarquillo (0,06 euros), de color marrón; cinco axarquillos (0,30 euros), de color verde; un axarco (0,60 euros o cien pesetas), de color rojo; cinco axarcos (tres euros), de color naranja; diez axarcos (seis euros o mil pesetas), de color azul.
En el anverso de los billetes figura la imagen de Ibn al-Baytar o Abén el Beithar (1197-1248), un famoso botánico y alquimista al que la Axarquía le debe la introducción del cultivo de cítricos.
En el reverso aparece la imagen de Felipe II, en cuyo reinado se produjo la rebelión de los moriscos de la Axarquía, y el Peñón de Frigiliana, lugar en que resistieron los últimos rebeldes hasta ser aniquilados.


Monedas
Se acuñan en plata y en cobre. Tienen valor real o valor en sí mismas, estableciéndose su valor monetario en relación a su peso.
Existen dos monedas. La mayor es de un axarco, está hecha de plata, tiene un peso de 20 gramos y equivale a 30 euros. La menor es de dos axarquillos, está hecha de cobre, tiene un peso de 3,5 gramos y su valor de cambio es de 14 euros.

El Patronato del Axarco, con sede en Vélez-Málaga, ha propuesto en enero de 2012 realizar nuevas acuñaciones e impresiones de axarcos e impulsar más el uso del axarco frente al euro, en primer lugar porque se trata de una moneda con valor real y también porque podría servir de reclamo turístico, pues muchos turistas regresarían a casa sin volver a cambiar a euros las monedas y billetes de axarco.
Algunas de las acciones que se están estudiando son las siguientes: podría emplearse el axarco para comprar algunos de los productos más demandados por los turistas (vino, aceite, pasas y aguacates); también podría usarse en fiestas gastronómicas, como la de las Migas de Torrox o la del Melocotón de Periana; desde colectivos empresariales y hosteleros podrían impulsarse actividades promocionales para fomentar el comercio local y el pago con axarcos (rutas guiadas o rutas de tapas).


El regadío

Es una técnica de explotación agrícola intensiva que se desarrolló y prosperó en la comarca a partir de la llegada de los musulmanes a la Península y del florecimiento de la cultura andalusí.
Se basa en la construcción de una serie de infraestructuras hidráulicas, tales como albercas, acequias (as-suqiya) y norias, que se emplean para surtir de agua a los pueblos y sus vecinos, regar huertos y tierras, y mover aceñas o molinos harineros, batanes y almazaras. En el municipio de Salares se conservan en bastante buen estado muchas de ellas. También han dejado su huella en la toponimia (por ejemplo, los nombres de pueblos como Canillas de Aceituno y Canillas de Albaida hacen referencia a las canillas, canales o acequias por los que bajaba el agua de la montaña).
El huerto o vergel (bustan), situado en las afueras de la población, es el exponente típico de esta forma de agricultura. Se explota de modo intensivo gracias al dominio de las técnicas de regadío y a la alternancia de cultivos de verano (calabazas, berenjenas, pepinos, ajos, melones, sandías) y de invierno (coles, puerros, acelgas, espinacas, alcachofas, zanahorias, nabos), dando como mínimo dos cosechas anuales. Esto permitía a los andalusíes consumir verduras y hortalizas frescas prácticamente durante todo el año. Por ello, en la cultura islámica el huerto representa una aproximación mundana o concepción terrenal del paraíso.

Un grupo muy compacto

Pero además del regadío, los andalusíes trajeron a nuestra Península otras innovaciones que en conjunto supondrían toda una auténtica revolución agraria.
Ante la escasez de suelos llanos hicieron bancales o terrazas para escalonar el terreno y poder cultivar las laderas de las montañas.
Introdujeron también el cultivo de una serie de especies vegetales procedentes de Oriente: lechuga (kaxkax), acelga (silqa), espinaca (isfánaha), col (karunb), coliflor (qarnabit), alcachofa (jurxúfa), zanahoria (yazar), haba (fúluh), calabaza (qar'aha), pepino (jiyarum), berenjena (badin yánum), arroz (ruz), alfalfa (fisfisa), ajo (túmun), azafrán (za'frán), comino (kamún), anís (anísun), sésamo (simsim), azúcar (sukar), limón (laymunun), naranja (burtuqalun), granado (rúman), níspero (zaarur), cereza (karaza), sandía (hindiyya), higo (tin), palmera datilera (najal), almendra (lawz), azufaifo (zifzif), lino (nabátul katani), cáñamo (qunnabun), algodón (qutun), morera (fersád), adormidera (jaxjax), etc. Esta interminable lista contrasta con la comparativamente parca de los cultivos autóctonos, como olivo (azaytun), vid, algarrobo, castaño, cereales, etc.

Las sierras de Tejeda y Almijara

Se elevan en el límite de las provincias de Málaga y Granada, constituyendo una atalaya sobre los pueblos blancos de la Axarquía, que se desparraman por sus laderas, y también sobre la Costa del Sol y el mar Mediterráneo. Sus relieves se precipitan por la vertiente sur hasta prácticamente alcanzar el mar. En 1999 fueron declaradas Parque Natural, ascendiendo la superficie protegia a unas 40.600 hectáreas aproximadamente.

La Almijara con nieve desde el pueblo costero de Torre del Mar

Son sierras con una morfología diferente:
  • La Tejeda, que debe su nombre a los numerosos tejos que antaño la poblaban, está formada por una enorme mole con barrancos a su alrededor, que descienden en busca de los ríos Algarrobo y Vélez. Su máxima elevación es el pico de La Maroma (2.065 m.), el dos mil más occidental de Andalucía, en cuya cara norte existe un valioso alcornocal.
  • La Almijara está constituida por una cadena principal, orientada de oeste a este, y por varias cadenas secundarias de menor altura, orientadas de norte a sur y abiertas hacia el mar, que cortan transversalmente a la primera. No alcanza los dos mil metros, pero cuenta también con notables elevaciones, como los picos de Navachica (1.828 m.), Lucero (1.779 m.), Almendrón (1.516 m.) o Cielo (1.508 m.). Y encierra espacios de un gran valor como el barranco del río Higuerón, los cahorros del río Chíllar o el nacimiento del río Verde. La etimología de Almijara no está clara. Lo único claro es que el nombre deriva del árabe. Podría proceder de almanxar (pasero o lugar en el que se extienden las uvas, los higos y otras frutas para su secado en verano), de minxar (diente de sierra) o de hayara (piedra).
Canillas de Albaida y La Maroma nevada

En su relieve distinguimos dos tipos de materiales:
  • Por un lado, materiales de naturaleza silícea y origen continental, que son los más antiguos cronológicamente (cuarcitas, gneis, esquistos, pizarras, etc.): Se trata de rocas de coloración oscura o parda, impermeables e insolubles al agua. A consecuencia de la erosión, presentan perfiles alomados y crestas poco agudas. Su degradación ha dado lugar a materiales arcillosos que conforman suelos profundos, con capacidad para sostener una densa vegetación.
  • Por otro, materiales de naturaleza carbonatada y origen marino, que son más recientes (calizas, dolomías, mármoles, etc.): Se trata de rocas sedimentarias, formadas en los abismos oceánicos hace 200 ó 300 millones de años, de coloración blanca o grisácea, permeables y solubles al agua. Favorecen la actividad kárstica y la formación de aguas subterráneas.
Las formaciones kársticas (profundos cañones, jous o dolinas, cuevas y oquedades, simas, lapiaces, etc.) son abundantes en ambas sierras, que en la práctica funcionan como un inmenso aljibe, recogiendo el agua caida y almacenándola en el subsuelo, gracias a la presencia de rocas calizas y dolomíticas, ricas en carbonatos. Estas aguas regarán con posterioridad generosamente los valles, las riberas y las vegas circundantes, recubiertas de frondosos vergeles.

En estas montañas se dan más de 1.300 especies vegetales diferentes, con una quincena de endemismos.

Curiosas flores con forma de trompetilla (se trata de unas plantas insectívoras llamadas nepenthes)

Los tejos dan nombre a la sierra Tejea o Tejeda, que se considera el enclave más meridional que esta especie tiene en Europa.
El tejo es uno de nuestros árboles más antiguos, perteneciente al gran grupo de las coníferas y bastante exigente en cuanto a frescura y humedad, lo que le delata como habitante de las frías glaciaciones cuaternarias.
Su presencia en estas sierras tan meridionales se ha ido reduciendo de forma lenta, debido al cambio de las condiciones climáticas, menos favorables para esta especie, y a la acción del hombre, que ha aprovechado su madera para la fabricación de muebles o herramientas y que lo ha arrancado de dehesas y pastos de montaña por la toxicidad de sus hojas para con el ganado. En la actualidad ha quedado relegado a zonas altas orientadas a la umbría, a inaccesibles paredones rocosos y a profundos barrancos.
De estas dos sierras tan solo podemos encontrar tejos en la de Tejeda, destacando en ella dos grupos de ejemplares de cierta importancia, que se ubican dentro de la provincia de Granada: el grupo principal consta de unos cien pies de tejo de proporciones arbóreas y se extiende por una superficie de unas cinco hectáreas, en un ambiente de alta montaña, alternándose con los pinos de repoblación, los arces, el mostajo o el durillo; el segundo grupo está formado por ejemplares dispersos que se desparraman por un escarpado barranco, colgados de la roca.
En la de Almijara no se han conservado prácticamente tejos, quizá debido a su mayor accesibilidad y a una explotación ganadera más intensiva.
Las plantaciones artificiales de tejos llevadas a cabo en Canillas de Albaida, Sedella y Alcaucín han aumentado el número de ejemplares en la zona.

La cabra montés o capra pyrenaica es una de las especies animales más emblemáticas de estas sierras, que nos maravilla con la rapidez con que se mueve por los roquedos. Actualmente solo tiene representación natural en territorio español, pues se extinguió en Portugal (en el caso de la subespecie lusitana) y en Francia (en el caso de la subespecie pyrenaica). La historia de su protección en nuestro país comienza en 1905 con la creación del Coto Real de la Sierra de Gredos, auspiciado por el rey Alfonso XIII, primera figura legal que existió para garantizar su conservación.
En el caso de estas sierras es la subespecie hispánica la que se halla presente, que podemos también encontrar en otros hábitats como Sierra Nevada, Sierra Mágina, Cazorla, los Puertos de Tortosa y Beceite, etc.
En las frescas mañanas de octubre se puede oir a los grandes machos entrechocar sus cuernas, combatiendo entre ellos para tratar de reunir el mayor número de hembras. En primavera paren las hembras y pronto se las ve acompañadas de los jóvenes chivos.

Podemos encontrar también, como en Guadarrama, a la mariposa isabelina o de Graells (actias isabellae o graellsia isabellae), cuya oruga arborícola se alimenta solo de las acículas del pino salgareño o laricio.
Un batracio en el barranco del Higuerón (Frigiliana)

Usos tradicionales
Los hombres de ambas vertientes de la sierra, tanto los de la Axarquía como los de las tierras de Alhama, han estado ligados a estas montañas durante cientos de años y se han movido por ellas para explotar sus recursos agrícolas, ganaderos y mineros. Toda una red de caminos muleros y senderos, recorridos por los arrieros, comunicaban entre sí los distintos núcleos de población, atravesando en ocasiones los puertos de montaña.
El pastoreo, la resina, la nieve, la caza, la extracción de corcho o el aprovechamiento del esparto o la madera han sido los usos tradicionales más importantes y hasta hace apenas 30 o 40 años algunos de ellos estaban aún bastante extendidos.

Cómpeta

El poljé o nava de Zafarraya es una gran llanura de terreno arcilloso, rodeada por montañas calizas que le suministran agua, que se localiza al noroeste de la sierra Tejeda. Se trata de una formación geológica propia de zonas calcáreas, que se originó por el abovedamiento y el posterior hundimiento de un macizo calizo, que fue disolviéndose interiormente poco a poco por la acción del agua. Es el poljé más extenso que hay en España.
Cuando se ve desde arriba tiene un cierto aspecto de caldera volcánica, debido a su ligera forma ovalada.
Fue una de las principales salidas al mar del reino nazarí de Granada.
En otros tiempos fue un campo de pastores que se hallaba casi despoblado, posteriormente se dedicó al cultivo de cereales de secano y desde hace un par de décadas se ha transformado en regadío o huerta, adquiriendo fama sus tomates y lechugas.

El poljé de Zafarraya, al pie de la sierra, mientras subíamos a la Maroma 

Alcaucín

Se encuentra al suroeste de Sierra Tejeda y su nombre, que deriva del árabe, significa Los Arcos. De hecho, en el escudo del pueblo aparecen tres arcos.
Surge hacia el año 930, tras el aplastar el califa Abderrahmán III la rebelión que lideró Omar-ibn-Hafsún.
Sus gentes se dedicaron durante siglos a los trabajos forestales, en especial al carboneo de las muchas encinas que había en sus alrededores, de ahí que en la comarca se les conociera como los tiznaos.
En la subida hacia el puerto de Zafarraya quedan a un lado las ruinas del castillo musulmán de Zalia.

En Alcaucín

Para comer recomendaremos el Mesón Restaurante El Ciervo, que se encuentra en la Plaza de Zalia y regenta Antonio. Su terraza al aire libre, con buganvillas y parras, es una delicia. Entre sus especialidades se cuentan la sopa de picadillo, las sopas cachorreras, las migas con fruta del tiempo, el chivo al ajillo, el chivo al horno y el plato serrano (parecido al plato alpujarreño).
Algunos bajaron donde Antonio una tarde a tomarse unos vinos y volvieron bastante chisposos. Creo incluso que debió haber tomate, a juzgar por los ojillos que traían. Aunque ellos no soltaron ni prenda. Pero a mí no me la dan con queso.
A la mañana siguiente volvimos todos donde Antonio para tomarnos unas tostadas con tomate y aceite como desayuno. Aquí sí que hubo tomate del bueno. Podemos dar fe.

Mesa de Zalia

Área recreativa El Alcázar

Es un área de esparcimiento, con agua y vegetación, que se encuentra en un entorno agreste y bonito, en el término municipal de Alcaucín, a 5 km
. del pueblo y 850 metros de altura. El terreno pertenecía en el pasado al Cortijo del Alcázar y fue adquirido por el Patrimonio de Estado en los años 50 para convertirlo en monte público. Cuenta con mesas y bancos, fuente y un refugio, que es el antiguo cortijo rehabilitado. Desde aquí puede subirse a La Maroma.


El que suponemos refugio, cerrado a cal y canto


Unos cocineros

A un kilómetro de El Alcázar se encuentra el mirador Pedro Aguilar, que lleva el nombre de un miembro de la Asociación Excursionista de La Axarquía, buen conocedor de todos los recovecos de la Tejeda. Desde este mirador se contemplan el embalse de La Viñuela y la Mesa de Zalia.

Embalse de La Viñuela


Frigiliana

El topónimo deriva del nombre propio latino Frexinius.
Durante la Edad Media llegaría Frigiliana a convertirse en capital de su taha (división administrativa o jurisdicción que empleaban los musulmanes para la administración del territorio), que comprendía varios pueblos de la comarca.

El pueblo pasó a la historia a raíz de la sublevación o levantamiento que los moriscos de la comarca de la Axarquía protagonizaron en 1569, siendo rey Felipe II. Fue en Frigiliana donde resistieron los últimos rebeldes, atrincherados en El Peñón o El Fuerte, y donde se libró el último enfrentamiento de esta guerra. La historia de esta batalla final se ha reproducido en una serie de doce azulejos que se hallan dispersos por las calles del casco antiguo.


A raíz de la guerra civil varios vecinos de Frigiliana, entre ellos los conocidos con los motes de Tomarroque, Rovira, Leva o Espartero, se hicieron maquis y huyeron a las espesuras de la sierra en busca de refugio. Son los últimos resistentes republicanos.

Ingenio Azucarero
La azucarera Nuestra Señora del Carmen fue la primera fábrica industrial de azúcar que se construyó en España. Ya está documentada la construcción de un trapiche (o molino en el que se extraía el jugo de la caña de azúcar) en 1630.
Sigue activa hoy en día y es la única industria que actualmente produce miel de caña en Europa, que se obtiene mediante la concentración del jugo de la caña de azúcar, una vez eliminadas todas sus impurezas.
Ocupa un palacio renacentista construido a finales del siglo XVI por los condes Manrique de Lara, señores de Frigiliana desde 1508. En la fachada destacan sus bellos esgrafiados y se aprecia también la utilización de sillares procedentes del destruido castillo árabe.

Ingenio Azucarero

Casa del Apero
Fue construida en el siglo XVII por los condes Manrique de Lara y estaba funcionalmente ligada al Ingenio Azucarero, destinándose a granero, caballerizas y almacén de útiles de labranza. Tras su restauración en los años 90 se transformó en Casa de la Cultura, pasando a albergar la oficina de turismo, la biblioteca municipal, el archivo histórico, un museo arqueológico y una sala de exposiciones temporal.

En la Casa del Apero

Llegamos a Frigiliana con la intención de hacer una ruta por el Barranco del Higuerón que Marisol había visto en su libro de rutas. Pero llovía con ganas al llegar, por lo que nos sentamos en la terraza cubierta de un bar a ver si las cosas mejoraban.

Viendo que seguía lloviendo sin parar, nos acercamos a la Casa del Apero, donde el personal de la oficina de turismo, muy profesional, nos atendió con suma cortesía. Aprovechamos la ocasión para visitar el museo arqueológico y ponernos al día sobre curiosos aspectos de la historia de Frigiliana.

Bajo los paraguas

La madre de Maldonado no hacía más que mandarnos nubes cargadas de lluvia y en vista de ello no nos quedó otra que entrar a gastar nuestras modestas divisas en una tienda de artesanía. Entre otras cosas compramos una botella de vino dulce que nos hechizó.

La botellita

Los bebedores

Maldonado y su madre seguían a lo suyo y llovía sin cesar, por lo que nos dirigimos a continaución al Ingenio Azucarero para comprar un poco de miel de caña con la que endulzar la vida.

En la Plaza del Ingenio hay una enorme araucaria

Lo de la lluvia no parecía tener final. El día resultaba propicio para comer de mesa y mantel, así que nos dirigirimos al Restaurante El Tangay, que nos habían recomendado. Una carta con cocina casera y a buen precio, aunque no tenían las migas de las que nos habían hablado.
No hace falta decir que en la calle no paraba de llover. Maldonado & Cía le habían cogido gustillo al tema. Y la lluvia continuaba al llegar los postres, por lo que tuvimos que hacer un poco de sobremesa.

Enlaces
Ayuntamiento de Frigiliana
Miel de caña "Ingenio Nuestra Señora del Carmen"
Museo Arqueológico de Frigiliana


Paseo por el barranco del río Higuerón

Increiblemente a eso de las cinco de la tarde dejó de llover y decidimos ir a los coches, calzarnos las botas y dar al menos un breve paseo por el barranco del río Higuerón.
Con todo lo que había llovido el riachuelo bajaba cargado de agua. Hubo que vadearlo varias veces, a un lado y a otro. Con cuidado para no mojarnos. Los bastones fueron de bastante ayuda en estos menesteres.



En el paseo pudimos contemplar dos infraestructuras hidráulicas. Durante un buen rato caminamos junto a la acequia que suministraba el agua necesaria para mover el Ingenio Azucarero de Frigiliana. También pasamos junto a la alberca del Batán, así llamada porque de ella tomaba agua un viejo molino de papel para poner en movimiento una máquina de mazos.

Alberca del Batán

Marisol estuvo muy centrada durante el paseo en fotografiar la flora que crece en el barranco. Como botón de muestra, las espléndidas imágenes que vienen a continuación.




Nos llamaron la atención unas curiosas flores con forma de trompetilla, de las que hemos puesto una foto más arriba. Parece que se trata de las conocidas como nepenthes, también llamadas plantas jarra o copas de mono. Son unas plantas insectívoras, oriundas de las regiones tropicales del Viejo Mundo.
Por lo demás, el paseo fue eso, un paseo. Teniendo en cuenta la hora en que echamos a andar, no podíamos llegar muy lejos. Dejamos a un lado el desvío a la Fuente del Esparto, estuvimos entretenidos un rato en identificar un pino doble que mencionaban en la descripción y llegamos hasta el área recreativa del Pinarillo Espeso, donde nos dimos la vuelta.

Ruta por el arroyo de Cueva Melero

Al día siguiente nos acercamos hasta Canillas de Albaida, en un maratoniano viaje de coche por carretera de montaña, pasando por otros pueblos de la Axarquía, como Canillas de Aceituno, Sedella o Salares.

Esta ruta propuesta también por Marisol se inicia en el área recreativa y de acampada de la Fábrica de Luz
(Canillas de Albaida), situada a 690 metros de altitud, en la confluencia de los arroyos de la Llanada del Turvilla y de la Cueva del Melero. En tiempos fue un pequeño enclave industrial, rodeado de bosque, en el que se producía electricidad para los pueblos de Canillas de Albaida, Árchez y Corumbela, así como para mover una serrería. Hoy se ha transformado en albergue que la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía (AMA) cede a quien lo solicite (aunque creo que a Marisol le habían dicho que en estos momentos no se conceden permisos). Se ha dotado al paraje de mesas, bancos y parrillas. Dispone de fuente.
La primera parte de la ruta consiste en remontar el arroyo de la Cueva del Melero en dirección a puerto Blanquillo, tomando el sendero que inicialmente discurre por la margen derecha del valle, mirándolo desde su nacimiento, que es como debería hacerse en rigor (o margen izquierda en el sentido de nuestra marcha).

Amapola, lindísima amapola

Atravesamos un bosque de galería bastante húmedo, formado por sauces de hoja ancha, durillos, algunos madroños, aladiernos, adelfas, zarzas, rosales, hiedra, helechos y brezo de flor oscura. Entre los bancales que quedan a nuestra izquierda asoman los olivos, los viñedos y los nogales.

Cruzamos el arroyo pasando a la otra margen y ascendemos separándonos del cauce, comenzando a predominar la vegetación de matorral, con aulaga, romero y estepa blanca o jara. 

Al otro lado del valle vemos la Cueva del Melero, más un abrigo que una cueva, reconvertida en corral en el que guardar las cabras.

La Cueva del Melero

Dejamos la cueva atrás

Pasamos junto a varios cortijos, el de la Cueva, el del Chaparral, el de Las Lagunillas o el de Camacho, en los que tiempo atrás se cultivaban frutales, hortalizas y legumbres. Hoy solo se mantiene algo de actividad agrícola en el del Chaparral.

Cerca del cortijo del Chaparral se pasa junto a uno de los mayores alcornoques que quedan en toda la sierra de Tejeda. Un imponente ejemplar.

Enorme alcornoque

Menudo copón

Seguimos remontando el valle y el tiempo parece que empieza a estropearse y a ponerse feo, tornándose el cielo amenazador. Caen algunas finas gotas de lluvia. Son pequeños amagos. Todavía confiamos en que el tiempo aguante y en que la madre de Maldonado se porte bien. Quiá.

Se empieza a poner feo

Un poco antes de salir a la pista que discurre por arriba, empieza de nuevo a llover y esta vez irá en serio. Nos cruzamos con un grupo de alemanes que, al consabido grito de "Gotas caen", bajan en desbandada. A pesar de echar mano de capas, chubasqueros y paraguas, nos vemos obligados a guarecernos un rato bajo un pino. Se escuchan algunos truenos muy lejanos.

Salimos por fin a la pista que sube desde Canillas de Albaida a puerto Blanquillo y la tomamos hacia la izquierda.

Royo con el rayo en los talones

Pronto llegamos a puerto Blanquillo (1.208 m.), pero no cambiamos de valle. Simplemente continuamos por la pista que traíamos, que cambia de margen, pero dentro del valle de Cueva Melero, transitando por la parte alta del mismo.

Vemos a nuestra izquierda un desvío que baja hacia el cortijo del Castaño (antiguamente de Antón Pérez), pero no lo tomamos. Seguimos por la pista, que llanea e irá haciendo curvas muy profundas para salvar los sucesivos barrancos.

Llegamos a una bifurcación. A la derecha se subiría al vivero forestal que hay en el cortijo del Navazo (y que hace años se ubicaba en el cortijo Camacho, antes mencionado), pero ya es muy tarde para llegarnos hasta este lugar. Son casi las cinco de la tarde y no hemos hecho aún la comida seria del día, por lo que nos paramos al borde de la pista, aprovechando que en estos momentos no llueve. Pero poco dura la alegría en casa del pobre, dicen, y en seguida, con el bocata a medio hacer y la lata de caballa a medio comer, comienza de nuevo a llover. La madre de Maldonado vuelve a acordarse de nosotros y nosotros volvemos a acordarnos de ella.

Tras mal comer y recoger precipitadamente todo, continuamos por la pista, que sigue trazando muchas curvas. Dudamos en bajar por un cortafuegos hasta el fondo del valle, pero al final lo descartamos, no vaya a ser que nos aguarde alguna sorpresita.

Despejado en la costa y tormentoso en la sierra

Con alegría, pese a la lluvia

Acabaremos andando un buen rato más por la pista hasta entroncar con una doble desviación a mano izquierda que nos deja en un sendero. Por este último bajaremos directamente en zigzag por la Llanada del Turvilla, que de llana solo tiene el nombre, hasta la misma Fábrica de Luz.

Llanada del Turvilla

Ya casi nos habíamos secado cuando en la última media hora volvió a sorprendernos un fuerte chaparrón enviado por la madre de Maldonado. Lo justito para llegar casi calaítos a los coches.

Enlaces

La Maroma desde El Alcázar

Esta ruta asciende a la Maroma por el poniente de la sierra de Tejeda. Está balizada como PR-A 352 y tiene una longitud de 10,2 km. (solo ida). Salvaremos un desnivel de unos 1.250 metros. La novedad es que la víspera se ha incorporado Bea a la expedición, acompañada de Oso.
Leo en una descripción que en primavera la salvia, la alhucema (o espliego) y la manzanilla tapizan buena parte del recorrido. Nosotros encontraremos, sin embargo, bastante nieve, algo inusual en fechas tan avanzadas de la primavera. Y es que estamos nada menos que a primero de mayo, Fiesta del Trabajo. ¿De qué trabajo?

Por detrás del área recreativa de El Alcázar (840 m.) sale el caminillo, balizado con postes de madera clavados en el suelo.

Oso, inquieto por iniciar la subida

Vamos a iniciar la ascensión por lo que se conoce como el carril del Peñón del Romero. Caminamos inmersos en el pinar.

El carril traza pronto una curva cerrada

Hermoso pinar

Hermosas vistas

Al llegar junto al cerro Torreones (1.173 m.) el carril traza una cerrada curva a la derecha.

Las cumbres nevadas están más cerca

Pasamos al pie del Peñón del Romero (1.301 m.) y un poco después lo hacemos entre las agujas rocosas de los Castillejos o los Castellones.

Nos aproximamos a los Castillejos

El carril muere en la Erilla Tarara (1.364 m.), un llano en el que se ha instalado un pluviómetro.

A partir de aquí se inicia la vereda de las Víboras, que sube zigzagueando por el pinar y nos ofrece bonitas vistas del pantano de la Viñuela, el pueblo blanco de Comares sobre un alto, la Mesa de Zalia y el llano de Zafarraya, sembrado de casitas blancas.

En la vereda de las Víboras

Pronto pisamos las primeras nieves. No estaremos a más de 1.600 metros. Y es que la lluvia que nos cayó ayer y anteayer debió ser nieve a partir de una cierta altura, pues el aire era ciertamente frío. A partir de aquí la nieve nos acompañará ya hasta la cumbre.

Nieve de mayo

Termina la cuesta de las Víboras en un altiplano rocoso con algunos grupillos de encinas y quejigos.

Llegamos a la confluencia de los barrancos del Espino y del Mojón (1.610 m.). Cualquiera de los dos nos llevaría hacia la Maroma, pero optamos por el de la izquierda, el del Espino, que es el que está balizado con los postes.

En el barranco del Espino

Alcanzamos el collado del Espino (1.742 m.), que hace de divisoria provincial con Granada, dando vista al valle del arroyo de Bajo Hondo.

En el collado del Espino

La senda llanea ahora a media ladera por la vertiente granadina, rodeando el cerro del Mojón (1.909 m.).

A media ladera

Cruzamos un pequeño collado, introduciéndonos en el valle del arroyo de los Tejos. Nos internamos en un pequeño pinar. La nieve acumulada en las ramas, derretida por el sol, cae sobre nuestras cabezas.

Oso nos espera en el colladito

Pasamos junto al pequeño manantial de la Fuensanta (1.800 m.) y alcanzamos por fin el cordal en el collado del Mojón (1.864 m.), a donde habríamos salido igualmente de haber remontado el barranco del Mojón.

Subida final hasta el collado del Mojón

Tomamos el cordal hacia la izquierda, siguiendo los postes en dirección sureste por una suave cresta que vuelve a hacer de límite provincial.

La niebla se cierra y apenas se ve a 10 metros, pero las huellas y los postes nos impiden tener dudas.

Llegamos al collado de la Casa de la Nieve (1.980 m.), a la derecha del cual deberían estar las ruinas de la antigua majada y un pluviómetro. Pero la escasísima visibilidad no nos permite apreciar estos detalles.

Remontamos la loma final a tientas hasta divisar entre la niebla el torreón de piedra que hay en la cumbre (2.068 m.). Bastantes montañeros se apiñan en esta cima que, por otra parte, es más bien una planicie. La madre de Maldonado nos la ha vuelto a jugar. No encontró suficiente aire frío en altura para reforzar la borrasca, pero al menos nos envió la niebla para quitarnos las vistas.

Últimos metros

Niebla cerrada en la cumbre

Dicen que cerca de la cumbre se pueden apreciar dos amplios hoyos naturales, de origen glaciar, que se asemejan a las dolinas originadas por la erosión kárstica y que funcionan como nichos de nivación. Se les llama por aquí jous, como en los Picos de Europa. Parece que a poca distancia de la cumbre existe también una sima, con unos 30 metros de caida libre en su primer tramo, que antaño funcionaba como pozo de nieve. Se empleaba una maroma o soga para facilitar la entrada y salida de la misma por parte de los operarios. Es esta gruesa cuerda la que a posteriori daría nombre a esta cima. Qué cosas.

Foto de grupo

A tocar cacha ahora que no me ve nadie

Pero no tenemos tiempo de andar buscando ni los jous, ni la sima. Con esta niebla se antojaría complicada la misión. Y además hace frío, por lo que nos vemos obligados a iniciar la bajada y perder altura rápidamente para encontrar pronto un sitio en el que parar a comer.

Empezamos la bajada

Pasamos nuevamente por el collado del Mojón

Hasta la Erilla Tarara descenderemos por el mismo camino de subida. A partir de ahí tomaremos una bajada más directa al Alcázar, dejándonos caer primeramente por lo alto de una loma y echándonos luego hacia nuestra derecha para alcanzar el fondo del barranco de la Higuera.

Vertiginosa bajada

Existen otros dos senderos bastante populares que ascienden también hasta la cumbre de la Maroma:
  • Por el sur, se parte de Canillas de Aceituno y se sigue el antiguo camino de la Casa de la Nieve, que bordea los espectaculares acantilados que coronan la cuenca del río Saltillo. Unos 1.420 metros de desnivel.
  • Por el norte, se comienza en el área recreativa de El Robledal Alto (Alhama de Granada), se atraviesan frondosos bosques de pinares, arces y tejos, y se pasa junto a los hoyos y la fuente de la Tacita de Plata, un inmejorable paraje para sentarse a comer, en el que se conserva algún ejemplar de tejo. Unos 1.000 metros de desnivel.

Shopping

Antes de volver a Madrid es inevitable, como buenos y aplicados turistas, hacer algunas compras. Y es que llevamos el consumismo en las venas. Hay que reconocerlo. Pero no compraremos uno de esos ceniceros horteras en los que pone "Recuerdo de la Axarquía". Nos decantaremos más por los productos de la tierra.
En unos ultramarinos de Alcaucín preguntamos por vino del terreno, del que Cristina, la de Vélez-Málaga, nos ha hablado maravillas. El que tienen resulta ser de Cómpeta. Bien, nos vale. Una garrafa, por favor. Otra para mí. Y otra para mí también. Ana no se queda aún satisfecha y tira la casa por la ventana, haciendo acopio de alcachofas, nísperos y naranjas. Y eso que no han traido coche. Y eso que ya ha hecho una buena recolección de floripondios en Frigiliana y en las excursiones por la sierra.

Al rato, pararemos en la cooperativa olivarera de Puente de Don Manuel. A comprar aceite de oliva, como es natural. La próxima parada, ya de vuelta, será en Alhama de Granada.


Alhama de Granada

Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada
desde la puerta de Elvira
hasta la de Bibarrambla.
¡Ay de mi Alhama!

Cartas le fueron venidas
que Alhama era ganada.
Las cartas echó en el fuego
y al mensajero matara.
¡Ay de mi Alhama!

Esta ciudad, que aún hoy conserva su impronta andalusí y morisca, cautivó a algunos viajeros románticos que la visitaron, como el escritor francés Teóphile Gautier, que la describió como colgada sobre una enorme roca o pico como nido de águila.

Se halla, en efecto, situada sobre un espolón rocoso, rodeado de un profundo y escarpado cañón, al que llaman Los Tajos, por cuyo fondo discurre el río Alhama. Algunas casas colgantes sobre el acantilado nos recuerdan a Cuenca.
Junto al cauce del río pueden verse varios molinos hidráulicos, la mayoría de los cuales se han abandonado y se hallan prácticamente en ruinas.

Cañón de los Tajos y molinos harineros

Su nombre deriva del vocablo árabe al-hamman y hace referencia a los baños o aguas termales que le dan fama, ya conocidos en época romana.

Iglesia conventual de Nuestra Señora del Carmen

En nuestro paseo por sus calles leemos en un azulejo conmemorativo que Miguel de Cervantes visitó también Alhama en 1594, donde tuvo conocimiento de la azarosa existencia de Elena de Céspedes, una mulata alhameña que pasa por ser la primera mujer cirujana y transexual de la historia. Se inspiró en ella para crear el personaje de Zenotia "La Bruja", que aparece en "Los trabajos de Persiles y Segismunda", su última novela.

Casa de la Inquisición

Enlaces
Bibliografía
Excursiones por el sur de España, tomo I (por Juan Carlos García Gallego). Editorial Desnivel. Las páginas 280 a 292 están dedicadas a la sierra de Tejeda.
Los techos de España (por José Martínez Hernández). Editorial Desnivel. Las páginas 211 a 214 se dedican a La Maroma.
Disfrutar caminando por el Parque Natural de las sierras de Almijara y Tejeda (por Jesús Cuartero y Cayetano Casado, miembros de la Asociación Excursionista de La Axarquía). Editorial Arguval.
Andar por la Axarquía: las sierras de Tejeda y Almijara (por Francisco José Guerrero y Alicia Franco). Libros Penthalon.
Parque Natural de las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama (por Antonio Pulido, Director Conservador del Parque Natural). Editado por CEDER Axarquía. Esta guía gratuita contiene información muy interesante sobre estas montañas y nos la facilitaron en la oficina de turismo de Frigiliana.

Cartografía
Parque Natural Sierra de Tejeda, Almijara y Alhama. Escala 1:45.000. Editado por la Junta de Andalucía.
Mapa Topográfico de Andalucía, editado por la Junta de Andalucía. Sus hojas están a escala 1:10.000.

Más enlaces