jueves, 23 de junio de 2022

De Koumoustá al monte Taygetos (20 de junio de 2022)

El monte Taygetos (2.407 m) es la montaña más alta del Peloponeso griego y está muy próxima al mar. A su cima, de forma piramidal, la llaman Profitis Ilias, en honor al profeta Elías, un personaje que goza de gran devoción no sólo entre los judíos, sino también entre los griegos ortodoxos.

Para subir a esta singular montaña tomo en Sparti (la antigua Esparta de los libros de historia) el autobús de las siete de la mañana que va a Potamia (eso pone en el panel delantero), aunque me apeo en Xirokambi, otro pueblo al que se llega después. En la plaza de Xirokambi contacto enseguida (es como si me estuviera esperando) con un taxista que se llama Kostas y que me lleva hasta Koumoustá, una aldea que está seis kilómetros más arriba, a unos 700 metros de altitud, y en la que en la actualidad apenas vive nadie. Aquí comenzaré a andar.

Un perro que sale de su casa me empieza a seguir y terminará por hacerse toda la ruta (subida y bajada por el mismo camino) conmigo. Lo bautizaré como Petros Skilon. La subida, que me llevará cinco horas, puede dividirse en dos partes.

En la primera parte se siguen los cuadrados verdes (con algún tramo confuso). Se vadea el arroyo de Cholou, se atraviesa el paraje de Pinari Lakka y se pasa junto a la fuente de Vrisi (Pouliou Vrisi), en la que puede cogerse agua. Se acaba enlazando con el sendero de gran recorrido E4 y se llega al refugio de montaña Varvara-Dereki después de unas tres horas. El refugio, que pertenece al Club de Montaña de Esparta (EOS Sparti) estaba cerrado, cosa que ya sabía, pues unos días antes le escribí al guarda, que me contestó que solo abría los fines de semana y hoy es lunes.











La segunda parte, que va del refugio hasta la cumbre, está señalizada con cuadrados rojos y no ofrece ninguna dificultad. Es, además, de gran belleza y discurre por terreno de roca caliza. Tardé otras dos horas en completarla. En la cumbre se ha erigido un altar con piedras, supongo que dedicado al profeta Elías. Hay también varios precarios vivacs, hechos amontonando piedras.


















Petros Skilon y yo nos hacemos una foto, como una barrita de albaricoque, bebo un poco de agua y enseguida comenzamos la bajada. No puedo entretenerme mucho, pues he quedado a las seis con Kostas para que me recoja. Junto al refugio volvemos a parar. Ahí me encuentro con tres tipos que vienen de Atenas. Son las únicas personas que veré en toda la excursión. Han debido subir hasta aquí por pista en su furgoneta y están comiendo algo. Les imito y me siento a comer la mitad de un bocadillo que compré por la mañana antes de montar en el autobús. Uno de ellos se acerca, cruzamos unas palabras y me ofrece varios trozos de una especie de torta de sésamo, que acepto. Tenemos tiempo de hablar un poco, a instancias de él, de lo de Ucrania y de constatar que tenemos posturas algo divergentes. 

Sin tiempo que perder, me despido de ellos y continúo la bajada, acompañado del inseparable Petros Skilon. Llegó a Koumoustá a las seis menos cuarto y le llamó a Kostas, que me dice que tardará una media hora en recogerme. Han sido 20 kilómetros, con algo más de 1.750 metros de desnivel acumulado. Unos buenos números.







Me quito mi camiseta empapada y me pongo otra y aprovecho que hay una fuente con varios caños para reponer líquidos. Entretanto llega Dimitris, el dueño del perro, un señor muy simpático, que me explica que él y su mujer son los únicos que viven permanentemente en la aldea y me cuenta varias cosas interesantes, como que hay un albergue con camas y cocina, que es de otra persona, pero del que dispone de la llave. Y que en la aldea hay una pequeña iglesia consagrada al profeta Elías y que cada 20 de julio unas 200-300 personas de los alrededores suben hasta la cima del monte Taygetos, en conmemoración de la festividad dedicada al profeta.


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Track de la ruta en Wikiloc


viernes, 17 de junio de 2022

De Diakofti al monasterio de Agia Moni, la ermita de Agios Giorgios y Avlemonas (17 de junio de 2022)

La isla de Kythira (Citera o Citerea decimos nosotros) se ha asociado en la Antigüedad, el Renacimiento o el Rococó con la patria de Afrodita y con un lugar de libertinaje, tal como el pintor francés Watteau reflejó en sus cuadros Peregrinación a la isla de Citera (1717) o Embarque a Citera (1718). Según la leyenda, Afrodita nació de la espuma del mar, fruto de la unión entre el cielo y el agua, y saltó a tierra en la isla de Citera, un memorable momento que el pintor italiano Botticelli inmortalizó en el cuadro titulado El nacimiento de Venus. En apariencia, se trata de un bello relato, si omitimos algunos detalles escabrosos e incluso cruentos que hay detrás. Resulta que Gea (la tierra) estaba casada con Urano (el cielo), con el que engendró varios hijos, pero Urano, que no quería que sus descendientes le arrebataran el poder, hizo que permanecieran encerrados en el vientre de su madre. Gea, airada y transida de dolor por no poder dar a luz, decidió entonces dar a Urano su escarmiento, valiéndose para ello del menor de sus hijos, Cronos, quien, con ayuda de una hoz cortó los testículos a su padre y los arrojó al mar. Hay que suponer, entonces, que fueron los restos de simiente los que fecundaron la espuma del mar y engendraron a Afrodita.

A Kythira, en concreto al puerto de Diakofti, llegan barcos desde Kíssamos (Creta) y desde Neapoli y Gythio (Peloponeso). A poco de desembarcar, procedente de Creta, me enteré de que del mismo pueblo salía un sendero circular balizado. Ya tenía plan para el día siguiente. 

El sendero está señalizado con marcas de pintura blancas y azules, y es muy fácil de seguir. Para hacerlo y evitar las horas de más calor, me levanté temprano, desayuné en la habitación una banana y un yogur, y salí a andar pasadas las seis y media de la mañana, cuando el sol apenas había empezado a remontar el horizonte.




La primera parte, que es la más dura, asciende al monasterio de Agia Moni y a la ermita de Agios Giorgios, emplazados ambos en lo alto de sendas colinas. Luego se baja al pueblo de Avlemonas, en el que quedan los restos de una fortaleza veneciana, y se retorna a Diakofti por una senda que discurre a media ladera, con vistas sobre el mar y las dos islas de Dragonera. En total, hice 15,5 kilómetros, con unos 700 metros de desnivel.







































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lunes, 13 de junio de 2022

Xylóskalo - Refugio Kallérgi - Pico Melidanoú - Omalós (12 y 13 de junio de 2022)

Esta vez hice una travesía de dos días por la vertiente occidental del macizo de Lefka Orí (Montañas Blancas), durmiendo en el refugio guardado de Kallérgi, que pertenece al Club de Montaña de Chaniá (EOS Chanión). En total, fueron 24 kilómetros, con 1.600 metros de desnivel positivo y 1.800 metros de desnivel negativo, debido a la diferencia de altitud entre el punto de partida (Xylóskalo) y el punto de llegada (Omálos).

El primer día hice 19,5 kilómetros, con 1.350 metros de desnivel positivo y 1.000 metros de desnivel negativo. Volví a Xylóskalo en autobús y comencé a andar pasadas las nueve de la mañana. Tardé como hora y media en llegar al refugio de Kallérgi (1.680 m), dejé la mayor parte de las cosas que llevaba en la mochila para aligerar peso y seguí para arriba. Pasadas las dos de la tarde, hice cumbre en el pico Melidanoú o Melidaoú (2.133 m). En la subida, se sigue casi todo el tiempo el sendero de gran recorrido E4 (marcas amarillas y negras), primero por pista de tierra y luego por una senda pedregosa. Tuve que esquivar un par de neveros que aún resisten e incluso llegué a pisar la nieve en una ocasión, apenas unos pocos metros. Sólo coincidí con un húngaro, que me adelantó.




























A la bajada, abandoné durante un tramo el sendero E4 para subir a los picos Mávri (1.828 m) y Psári (1.810 m). En la bajada de este último pico seguí las marcas de pintura rojas y azules en la roca hasta volver a enlazar con el sendero E4. Los pastores dejan sueltas sus cabras (kri-kri) y ovejas por estos lares.






Sobre las seis y cuarto de la tarde estaba de vuelta en el refugio de Kallérgi, aún a tiempo de darme una ducha (agua tirando a fría) antes de la cena. Christóforos, que además de llevar el refugio, tiene una agencia de trekking que se llama Terra Petra, me ubicó en una habitación con cuatro literas de madera en la que estuve solo. Pasadas las siete, nos sirvió la cena (crema de lentejas y espaguetis a la boloñesa). Éramos sólo 7 cenando, cuando la capacidad del refugio es de 45-50 plazas.




A la mañana siguiente, el desayuno consistió en un huevo duro, tres rebanadas de pan y dos de bizcocho, mantequilla, miel, mermelada de albaricoque y té de hierbas. El precio de la media pensión es de 40 euros si se reserva previamente (yo lo hice por whatsapp) y de 45 euros si uno se presenta de sopetón, lo que coloca a este refugio al nivel de los del Pirineo francés. 

El segundo día me salieron 4,5 kilómetros, con 250 metros de desnivel positivo y 800 metros de desnivel negativo. El día salió con niebla. Desde el refugio se sale al sendero E4, que se toma a la derecha y se sigue un corto trecho hasta encontrar un cartel que indica que hay que torcer a la izquierda por un sendero que baja a Omalós y que está marcado con pintura roja y azul. En un primer tramo se sube ligeramente y se pasa por el pico Koukoule (1.631 m). A partir de aquí, casi todo es descenso. Pero el paisaje es kárstico y el sendero pedregoso. Hay que seguir con atención las marcas de pintura y bordear varias dolinas.






Finalmente, se llega a Omálos, donde hay al menos cuatro hostales que alquilan habitaciones y sirven comidas. La gran mayoría de los que vienen hasta aquí lo hacen para conocer la garganta de Samaria.




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