jueves, 30 de junio de 2011

Del Chorro de Navafría al pico del Nevero y los hoyos de Pinilla (25 junio 2011)

En Madrid se preveía un fin de semana más que caluroso, con máximas de 35º el sábado y de 37º el domingo. Lo sensato era huir del infierno y buscar algún destino fresco. Navafría y los extensos pinares que la rodean no parecían mala opción.
La ruta propuesta empezaba en el área recreativa del Chorro. Se trataba de ascender desde allí al pico del Nevero, descender a los Hoyos de Pinilla, situados en un pequeño circo glaciar existente en la cara sur, y volver, completando más o menos una circular, al punto de partida.
Navafría, El Chorro, El Nevero. Nombres con los que combatir los rigores estivales. Y, en efecto, no puede decirse que pasáramos excesivo calor, justo es reconocerlo.

A las nueve y media de la mañana, un poco pasadas, llegamos a Navafría y allí, en la plazoleta del ayuntamiento, nos encontramos con Marcelo, que lleva apenas unos minutos.
Tras el café, volvemos a coger el coche hasta el punto de partida, el área recreativa de El Chorro, un lugar fresco y sombreado, con chiringuito, mesas, bancos y pozas para el baño. El sueño de cualquier dominguero. Pero a esta temprana hora aún hay poca gente.


A poco de caminar por el pinar llegamos a la cascada que se conoce como el Chorro de Navafría, un largo y vertical tobogán de agua que se descuelga por la roca. Tiene una bonita foto, pero el contraste de luces y sombras dificulta la toma, con lo que me ahorro poner aquí cualquiera de las dos fotos que tomé, pues no se aprecia prácticamente nada. Podría poner, en su lugar, una foto bajada de San Google, pero como que no.

De la cascada para arriba el sendero se pierde un tanto y tiramos a la buena de Dios, haciendo alguna trepada por roca sin saber muy bien cómo acabará.


Sin embargo, terminamos por alcanzar unas rocas desde las que el panorama que tenemos por delante se ve bastante más claro.

Estos dos lo ven ya claro

A partir de aquí el pinar nos envolverá de nuevo durante un largo rato. Le echamos el ojo a más de una tentadora poza. Alicia flaquea y casi se nos queda ahí, pero finalmente termina por vencer la tentación.
Salimos finalmente a la pista, cerrada a vehículos a motor, que nos lleva hasta el refugio de Regajohondo (abierto y precario pero limpio, 5-6 plazas).
Atrochamos por el pinar hasta cortar con la pista que por lo alto del cordal nos lleva a Regajoniesto.
El pinar nos sigue acompañando, aunque va aclarándose a medida que ganamos altura.


La subida es muy gradual. Terminaremos por salir del pinar. Pero estamos ya a más de 1.900 metros. Corre algo de brisa y, gracias a ello, el sol no nos castiga demasiado. Tenemos ya el cordal al alcance de la mano, pero el sendero traza una diagonal hacia la derecha que nos conduce de forma directa a la cumbre del Nevero (2.209 metros), que compartimos con otro grupo de excursionistas.

En la cumbre

El vértice geodésico aparece en el suelo, derribado, al pie del torreón cimero. Creo recordar que ya estaba así la última vez que subí hasta aquí. Los de Fomento, con Pepiño Blanco a la cabeza, no han puesto remedio.
Como la temperatura es ideal, decidimos comer aquí, en la misma cumbre, antes de empezar a bajar.

Alicia dirige la vista hacia Peñalara

Ahora, tras dar buena cuenta de la tortilla traida por Marcelo y de las ensaladas que aportamos los demás, toca bajar hacia los Hoyos de Pinilla, que desde aquí, desde la cumbre, se divisan si uno se asoma un poco hacia unas rocas a la izquierda.

Los Hoyos de Pinilla vistos desde la cumbre

Bajada por terreno descarnado

Pasando junto a los Hoyos de Pinilla

Desde aquí vamos andando en dirección al puerto de Navafría, pero de pronto, al cruzar un pequeño arroyo, Juanito repara en que ha perdido sus gafas de sol. La duda es dónde.

Aquí Juanito echa de menos sus gafas

Juanito se vuelve para atrás a ver si las encuentra. Retrocederá hasta hacer otra vez cumbre. Pero sus gafas no aparecen. Los demás esperamos junto al arroyo, refrescándonos los pies.
Al retornar Juanito, reanudamos el camino y pasamos junto a la Peña del Cuervo, buen mirador sobre el valle del Lozoya.

Peña del Cuervo

En el puerto de Navafría tomamos la pista que llanea y se pasa junto al mirador de Navalcollado. El refugio que hay justo debajo del mirador tiene la entrada tapiada.

Mirador de Navalcollado

Más adelante pasamos de nuevo junto al refugio de Navalcollado y seguimos por la pista asfaltada hacia El Chorro.
Al final, y para evitar dar un rodeo, nos salimos de la pista, con la pretensión de atajar hasta alcanzar el punto de partida. Discutible idea, pues aparte de los helechos, algunas zarzas y, lo que es peor, unas inesperadas ortigas salen a nuestro paso.
Alicia se desquitará con un remojón antes de subirnos al coche.
Las cervezas, en Navafría, antes de separarnos de Marcelo e iniciar la vuelta.

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jueves, 23 de junio de 2011

En los pueblos negros de Guadalajara (18 y 19 de junio de 2011): subida al Campachuelo, Ranas Folk y Cascada del Aljibe

En el fin de semana anterior a entrar en el verano nos hemos acercado, una vez más, a los pueblos negros de Guadalajara.
Esta vez hemos tomado como excusa la celebración en El Espinar de la octava edición del Ranas Folk, un festival de música folk que cada año tiene lugar en alguno de los pueblos que pertenecen al municipio de Campillo de Ranas, de ahí su nombre, y que poco a poco va consolidándose.


Subida al Campachuelo desde Majaelrayo (sábado)

El montañero que se acerca a Majaelrayo suele subir en la mayoría de los casos al Ocejón, pero nosotros nos hemos decantado en esta ocasión por una inédita ruta al Campachuelo, pues algunos ya conocíamos la tradicional ascensión al Ocejón.
La alternativa ha respondido a las expectativas y nos ha permitido darnos un buen baño de robles, jaras y gayuba.

Arrancando motores

Salimos de Majaelrayo en dirección al Ocejón, por el camino que pasa junto a un parque infantil y lleva a la casa rural Las Cabezadas.
A la altura de este alojamiento nos encontramos con una bifurcación que está convenientemente señalizada: a la derecha se va al Ocejón y a la izquierda al Campachuelo. Nosotros elegimos la primera opción, aunque no tengamos la intención de alcanzar el Ocejón, sino solo el collado de las Perdices. A la vuelta del Campachuelo apareceremos por el otro camino.

En la subida seguimos, por tanto, el tradicional camino de Majaelrayo al Ocejón, que algunos ya conocemos de otras veces.

El ascenso es muy gradual y va alternándose el jaral con el robledal. Aunque pega el sol, corre una fresca brisa, de manera que, en aquellos tramos en que el bosque desaparece para dar paso a las jaras, no llegamos a pasar calor.


Dentro del robledal la sensación es aún de mayor frescor y eso que los robles que encontramos son jóvenes y de pequeño porte.

En el collado de las Perdices entroncamos con la subida de Valverde al Ocejón por el valle de la Pineda, pero en lugar de dirigirnos al Ocejón (a la derecha) giramos por el cordal hacia la izquierda, en dirección al Campachuelo.

En el collado de las Perdices

A ratos, caminamos por entre lajas de pizarra; a ratos, el sendero se abre paso por entre una alfombra de gayuba.

La gayuba lo cubre todo

Paramos a comer al pie del Campachuelo, en el collado que en los mapas llaman de la Madita.

Reanudando la marcha, con el Ocejón a nuestras espaldas

Más gayuba en los últimos metros

Hacemos cumbre en el Campachuelo (1.899 metros), que está señalizada con un vértice geodésico.

Los primeros en hacer cumbre lo celebran

Obsérvese a Eva, cresteando al fondo

Airoso perfil del Ocejón

Descendemos ahora suavemente en dirección norte, alcanzando el collado de la Mujer.

Agur, Campachuelo

En suave descenso

George les cuenta alguna bola de las suyas

Desde aquí buscamos ya el modo de descender a Majaelrayo y distinguimos un poco por debajo de nosotros una pista de color ceniciento, abierta en la pizarra.

Buscando la pista

Una vez alcanzada la pista, se baja a Majaelrayo de forma muy directa, con excepción de algunas curvas.

Ya en la pista

La bajada es muy directa

Mapa con la ruta Majaelrayo-Campachuelo

Ranas Folk en El Espinar (sábado a la tarde noche)

Este modesto festival de música folk llega a su octava edición.
Según nos contó el presentador, sus impulsores son Álvaro y María José, una pareja que vive en Majaelrayo.
En esta ocasión los grupos participantes fueron la Rondalla del Ocejón, Pau de Nut y Contrabandeando. Todos ellos tocaron de forma altruista y desinteresada.

Junto al chiringuito

Al llegar al Espinar después de nuestra ruta comprobamos que la organización del festival tiene ya todo dispuesto: el estrado para los músicos, el patio de butacas y el chiringuito de bebidas. Todo ello al aire libre, naturalmente.

Al fondo, el estrado y los Contrabandeando ensayando

En el bar aún no tienen en funcionamiento la plancha para preparar los bocatas. Será cuestión de esperar un poquito.

Tensa espera

Pasadas las ocho y media de la tarde, abre el fuego La Rondalla del Ocejón, el grupo local, asiduo del Ranas Folk, que interpreta jotas tradicionales.
Letras pícaras, muy de pueblo, con referencias a los ojuelos de las mozas y a los requiebros y amoríos en la fuente. Hay también momento para hacerle algún guiño a la jota aragonesa.
El grupo respira amateurismo y en él se integra algún que otro octogenario que se implica en la faena con mucho empeño. No me extraña que no encontrara nada de ellos en el Youtube. Un gran aplauso para ellos por contribuir a conservar el folklore local.

La Rondalla del Ocejón 

El hombre del triángulo

Las palmas echan humo

A continuación sube a las tablas el catalán Pau de Nut, un tipo original y polifacético, que nos sorprende gratamente.
Toca el violonchelo, canta, recita y gusta de provocar al público, en el buen sentido, pues no en vano es también actor y titiritero.
Al presentarse, nos comenta que, entre otras cosas, ha sido director del grupo de música del Ateneo Libertario de Barcelona, o algo así.
Se arranca interpretando un tema provocador por su fuerte contenido político y social, aquel que dice "¡Qué culpa tiene el tomate que está tranquilo en la mata...!", que interpretaban hace 40 años los Quilapayún y el chileno Víctor Jara.
Pero este hombre toca todos los palos. Lo mismo le da a la música soul, que al "Contigo aprendí", que se marca un chotis castizo o se atreve con el "Anda Jaleo" de los republicanos o con "La Ramona" de Fernando Esteso.
Y nos cantó también en inglés y francés, y hasta en esperanto o japonés. Ahí es ná.

Pau de Nut

Para cerrar la función, ya de noche, les tocó el turno a los músicos de Contrabandeando, un grupo mestizo, que creo viene de Alcalá de Henares, que interpretó diversas piezas del rico folklore latinoamericano, fundamentalmente cubano (el "Chan chan" de Compay Segundo o Buena Vista Social Club, el "Hasta siempre, comandante", etc.), pero dando también cabida a alguna zamba argentina o a otros temas de Perú, Bolivia o Colombia.

Contrabandeando

Sobre la medianoche el festival llega a su conclusión y el presentador se despide de todos y nos recuerda que el Ranas Folk de 2012 se celebrará en Roblelacasa, es decir, aquí al lado.


Vivac (noche del sábado)

Los que nos quedamos hasta el final del concierto vivaqueamos, como estaba previsto, a las afueras de El Espinar.
Fue coger los sacos y los aislantes del coche, algo de desayuno, salir del pueblo por el camino que lleva a las cascadas y en un cuarto de hora echarnos a la vera del camino. Así de simple.
Del pueblo, allá en la lejanía, nos venía un vago rumor de música ambiental. La juerga se debió prolongar hasta más de la tres de la madrugada. Pero nosotros, a lo nuestro, que era coger la almohada.

Volviendo al pueblo después del vivac 


De El Espinar a las cascadas del Aljibe y Matallana, con vuelta por Roblelacasa (domingo)

Aunque en principio no estaba previsto, el domingo nos marcamos una ruta, a ritmo tranqui, que nos llevó el día completo.

Las cascadas del Aljibe, a las que se llega en una hora, con cuidado en la vertiginosa bajada final, estaban a tope de agua.
Y algún que otro valiente se bañó y todo. También hubo tiempo para tomar el sol, coger un poco de moreno y hasta leer.

Las dos pozas

Un valiente en la poza de abajo

De las cascadas nos fuimos a Matallana, cruzando su flamante y nuevo puente sobre el Jarama.
Matallana es como volver a la Edad Media, como dijo acertadamente Inés en una anterior visita. Nos sentamos a comer y sestear bajo una monumental encina, con el Ocejón enfrente nuestro.
Aunque no lo parezca, Matallana está habitado y vimos salir a algún vecino de su casa.

Puente de Matallana

Casa de Matallana, con el Ocejón al fondo

La vuelta la hicimos por Roblelacasa y para vadear el arroyo que discurre entre este pueblo y El Espinar tuvimos que descalzarnos.

Volviendo a Roblelacasa

Roblelacasa

Las cervezas fueron en Tamajón (bar El Frenazo).


ENLACES:
El Ocejón (Portal de Actividades Culturales en la Sierra de Ayllón)
Pau de Nut
Blog de Álvaro, el de Majaelrayo
Sendas en el Ranas Folk 2012
Hijos de La Vereda (Blog sobre La Vereda, Matallana y El Vado)
Las Cascadas del Aljibe (por Andrés Campos)
Otra ruta de Roblelacasa a Matallana y el pico San Cristóbal en febrero de 2010
Una aproximación a la toponimia del repertorio de caminos de Guadalajara





jueves, 16 de junio de 2011

De La Granja a la Laguna de los Pájaros y el alto de los Neveros (12 de junio de 2011)

El plan de esta ruta consistía en subir al puerto de los Neveros (2.095 m.) desde La Granja, acercarnos desde el puerto a la Laguna de los Pájaros, si había ganas, y dar luego media vuelta y seguir por el cordal en dirección norte, pasando por el alto de los Neveros (2.138 m.). Desde el puerto de los Poyales (2.021 m.) bajaríamos de nuevo a La Granja. Se trataba de ampliar una ruta que algunos habíamos hecho a principios de febrero. Pero entonces no subimos más arriba del que se conoce como chozo del Tío Blas.

Saliendo del caserío de Urgel (La Granja)

Empezamos a andar a la entrada de la urbanización de Urgel y caminamos durante un rato junto al muro del Palacio, que se termina en lo que se conoce como el Esquinazo, un mirador con buenas vistas. Desde aquí contemplamos el Peñalara, los Siete Picos, el Ventoso, el Montón de Trigo, la Mujer Muerta, la Camorca, el *oño de la Tía Andrea, etc. Hacia el llano se encuentra la Granja, con las torres de su Palacio, las chimeneas de la Real Fábrica de Vidrio y el embalse del Pontón.

La Granja

El Montón de Trigo y la Mujer Muerta

Pronto entramos en el pinar y es que uno de los grandes atractivos de La Granja son los pinares que la rodean y que hacen que aquí el verano resulte algo más fresco y llevadero que en otros pueblos serranos. Una tupida masa de helechos cubre el suelo. Tenemos la sensación de ir caminando por la selva ecuatorial. El peligro acecha. En cualquier recodo del sendero puede estar esperándonos la anaconda. O la tarántula.

En plena selva

El pinar se aclara. No quiere esto decir que los pinos se acaben, sino que se espacian y adquieren un mayor porte. Algunos troncos alcanzan los 30 ó 40 metros de altura. Sus copas parecen tocar el cielo. Son pinos silvestres o de Valsaín. Guadarrama 100 %.

Pero el peligro acecha, ya lo advertíamos. Y efectivamente. Tengo la mala fortuna de pisar una piedra inestable y traicionera, me caigo y me hago una brecha algo aparatosa en la espinilla. La herida me sangra, pero decido hacerme el duro y seguir hasta la fuente del Montañero, que está ya cerca, para limpiarme allí.

Mi momento de gloria

Me lavo la herida con agua de la fuente y me aplico un poco de Betadine que Jose guarda en el botiquín que muy oportunamente lleva en su mochila. A pesar de la trompada hay que seguir, no voy a dejarles solos a los muchachos. "Antes morir que retroceder", me repito mentalmente el lema de cuando estuve con la Legión en Marruecos.

Cruzamos el arroyo Carneros por un coqueto puente de madera y ascendemos por entre el pinar hacia un collado bien perceptible. Pasamos junto a unas vacas y un imponente torete, medio reumático, al que sus muchos kilos le entorpecen el movimiento. A la altura del Raso del Pino se encuentra una pequeña estación meteorológica.

 Señalización

A partir de aquí, la subida hasta el puerto de los Neveros es muy directa, pero no se hace dura, pues en ningún momento nos enfrentamos a fuertes pendientes.
Vamos saliendo progresivamente del pinar y entrando en el reino de los piornos, que en esta época se muestran en flor, tiñendo de amarillo las laderas.

El amarillo de los piornos

Ya asoma Peñalara

En el tramo final de la subida nos cruzamos con un grupo grande de gente que, en sentido contrario, baja hacia La Granja. Lo hacen de forma desperdigada. Han salido de Cotos y están haciendo la tradicional travesía lineal de Cotos a La Granja. Cuentan para ello con un autobús de apoyo.

En el puerto de los Neveros decidimos acercarnos a la Laguna de los Pájaros, que se nos antoja el lugar ideal para comer y descansar.

Laguna de los Pájaros

No hay mucha gente cuando llegamos a la laguna. Pero por poco tiempo. Enseguida empiezan a asomar grupos y más grupos de gente por todas partes. Muchos bajan desde Peñalara por los riscos de los Claveles y de los Pájaros. Es este un enclave de nuestra sierra muy concurrido, objetivo habitual de muchos de los excursionistas que a diario se acercan hasta Cotos.
Algunos neveros aún sobreviven en la ladera que se descuelga desde el risco de los Claveles.

Tras la comida, volvemos sobre nuestros pasos y emprendemos la corta y suave subida hasta el alto de los Neveros, que constituye el punto más alto de la ruta de hoy. Quedan aquí bastantes restos de trincheras de la Guerra Civil.

En el alto de los Neveros, con vistas de La Granja y su embalse

Descendemos por el cordal hacia el puerto de los Poyales, con la esperanza de encontrar un transitable sendero por el que bajar a La Granja. Y así es. Se adivinan algunos hitos. Surgen también dudas a la hora de vadear el arroyo Carneros, que nace aquí. Pero pronto volvemos a ver los hitos que nos indican por dónde discurre el sendero. Va un poco más abajo de donde nos encontramos pero resulta fácil alcanzarlo nuevamente.

Un agradable sendero

Es una bajada muy bonita, tapizada de hierba. Las flores amarillas y blancas de los piornos le dan colorido y densos pinares cubren las suaves colinas que, al fondo, dibujan la transición con el llano.

Cervunal

Se nota que el sendero está poco pisado. Hay momentos en que se pierde un tanto y cuesta encontrar de nuevo los hitos. Una bajada recomendable para los amantes de la soledad.

Al otro lado del arroyo, semiescondido, se encuentra el rústico chozo del tío Blas, al que nos acercamos. Un lugar plácido y agradable, en el que nos abandonamos y nos echamos a descansar un buen rato sobre la hierba. Se está muy ricamente y nuestra voluntad es débil.

Tras la parada

Llegamos a la altura del puente sobre el arroyo Carneros, que queda un poco más abajo y que habíamos cruzado por la mañana. Un ciclista se ha despelotado y se ha metido en una poza para refrescarse.
A partir de este punto seguimos no por el sendero por el que subimos esta mañana, sino por otro, señalizado como PR SG-15 en el mapa (y, en efecto, está balizado con pintura amarilla y blanca), que discurre más próximo al cauce del arroyo. Es un sendero precioso, que culebrea entre el bosque.

En la selva, de nuevo

Pinos estilizados

Del Esquinazo en adelante el terreno se nos hace más familiar. El sol está ya bajo y sus rayos le dan una luz especial al cresterío de Peñalara.

El sol del atardecer cae sobre Peñalara

Las cervecitas post-ruta caen esta vez en la Pradera de Navalhorno, junto a la carretera, pues decidimos volver a Madrid por el puerto de Navacerrada.