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lunes, 3 de agosto de 2020

Del puerto de la Morcuera a los picos de Bailanderos y Asómate de Hoyos, con vuelta por las pozas del arroyo Aguilón (2 de agosto de 2020)

Una pareja muy compenetrada se acerca al puerto de la Morcuera (1.776 m.) y sube desde allí al collado de la Najarra (1.992 m.) para continuar hacia los picos de Bailanderos (2.133 m.) y de Asómate de Hoyos o Navahondilla (2.242 m.), descendiendo luego junto al cauce del arroyo Aguilón, que más abajo forma unas apetecibles pozas. Hubo despelote y baño, como es lógico, pero les ahorraremos las fotos de esto último para no herir la susceptibilidad de nadie.






Collado de la Najarra


Bailanderos




Maliciosa


Cabezas de Hierro


La Pedriza


Arroyo Aguilón







martes, 2 de julio de 2019

Una circular desde el puerto de la Morcuera, con subida a Asómate de Hoyos (30 de junio de 2019)

La ola de calor no arredra a nuestros valientes, que se acercan hasta el puerto de la Morcuera (1.796 m.) para subir a Asómate de Hoyos (2.242 m.), darse un chapuzón en las pozas que forma el arroyo del Aguilón y completar una ruta circular con el itinerario siguiente:
Puerto de la Morcuera - Collado de la Najarra - Los Bailanderos - Collado de Pedro de los Lobos - Asómate de Hoyos - Loma de Navahondilla - Refugio del Pinganillo - Refugio del Aguilón - Refugio de la Morcuera - Fuente de Cossío - Puerto de la Morcuera























lunes, 15 de junio de 2015

Asómate de Hoyos y Loma de los Bailanderos (13 y 14 de junio de 2015)

Esta salida de dos días, o mejor de día y medio, tenía por objetivo ya no sé si hacer un vivac o dormir en un refugio libre, además de subir a dos de las cumbres que forman parte de la Cuerda Larga y que les presentamos a continuación.
 
Asómate de Hoyos (2.230 m.), como bien dice su nombre, nos invita a asomarnos a dos pequeñas hoyas de origen glaciar, que se abren hacia la vertiente sur: los Hoyos de la Sierra, a poniente, a los que en el Libro de la Montería, escrito en el siglo XIV, se les denomina Nava de don Tello, y el Hoyo del Mediano, sobre el Hueco de San Blas. Ambos hoyos fueron catalogados como glaciares en 1930 por el geólogo alemán Paul Wernert, algo tardíamente en comparación con otras formaciones similares que existen en nuestra sierra.

A los pies de Los Bailanderos (2.135 m.) los pastores establecieron, según Julio Vías, una de las concentraciones de chozos y apriscos más importantes de toda la sierra. Hasta finales del XIX pasaban aquí los meses de verano millares de ovejas venidas de tierras extremeñas. Explica Vías que el nombre de Los Bailanderos alude a los grandes canchos o bloques rocosos de su vertiente norte que, mal asentados unos sobre otros, se balancean ligeramente al pisar sobre ellos y que por eso eran llamados canchos bailanderos por los pastores.

Nos hemos quedado de una pieza. Se ha constituido hoy, tras las recientes elecciones, el ayuntamiento de Madrid y ha sucedido lo insospechado o, mejor fuera decir, no ha acontecido lo que todos dábamos por hecho. No ha habido esta vez tamayazo. Todavía incrédulos, sin reponernos del mazazo, ponemos rumbo al puerto de la Morcuera, donde nos reunimos con dos escaladores que, pese a estar hechos unos zorros tras una jornada de esfuerzo en La Pedriza, han querido sumarse a este plan.
 
Descendemos por el camino que lleva al Paular. Por aquí está todo aún muy verde, a lo que han podido ayudar las lluvias caídas esta semana. Llegamos a la altura del refugio del Aguilón. La fuente que hay a su lado está seca, probablemente debido a la rotura de la conducción que trae hasta aquí el agua.
 
En este punto tiramos por el camino que sale en perpendicular y emprende su ascenso por el pinar, parando en el arroyo del Aguilón a coger agua con que hacer las sopas. Ya va anocheciendo.
 
Alcanzamos la loma de El Pinganillo y doblamos a la izquierda, llegando en menos de medio kilómetro ante el refugio en que habíamos pensado pernoctar. Unos metros antes Seche se apercibe de que la chimenea humea. En el interior nos encontramos a otros cuatro montañeros sentados delante del fuego.
 
Un tanto cariacontecidos al ver que se nos han adelantado y que al final tendremos que hacer vivac, nos sentamos fuera a cenar. Hay que sacar ya los frontales para comenzar a preparar los espaguetis y las sopas, todo ello patrocinado por Gallina Blanca. Empezamos a picar de la tortilla de patatas que ha traído Seche. Caerán también un par de botellas de vino con las que vamos entonando el cuerpo ante la perspectiva de tener que pasar la noche a la intemperie. Rematamos la faena con algunas galletas alemanas, aportadas por Cristina, como es obvio.
 
 
 
 
Nos acomodamos para dormir contra una de las paredes del refugio. Es una manera de buscar algo de protección. Pero no va a ser esta una noche que recordemos por lo bien que dormimos, sino todo lo contrario. Nos cuesta pegar ojo. Vueltas y más vueltas. Boca abajo, de lado y boca arriba. No hay manera. Las horas van pasando lenta pero inexorablemente y a eso de las seis y pico comienza poco a poco a clarear.
 
 
 
 
Los ocupantes del refugio lo dejan libre cuando algunos de nosotros aún no nos hemos desperezado del todo y entramos dentro para tomarnos el desayuno. No podemos decir que no hayamos disfrutado del refugio, al menos un poquito.
 
 
 
 
Nos ponemos en marcha. Nuestro objetivo es ir poco a poco remontando la loma que se eleva hasta Asómate de Hoyos. Son unos 550 metros de desnivel que afrontamos con paciencia. Queda aún un pequeño nevero en lo que en tiempos debió ser el ventisquero del Algodón. Por sendas casi en desuso vamos sorteando los piornos y ganado progresivamente altura.
 
 






En la cumbre de Asómate de Hoyos conectamos con la Cuerda Larga y damos vista a la Pedriza, el alto de Matasanos, las Torres, el collado del Miradero, etc. Unos momentos de respiro, a resguardo del viento, nos permiten recobrar las fuerzas. No obstante, tenemos que abrigarnos como si estuviéramos en invierno.
 
 


Bajamos ahora hacia el collado de Pedro de los Lobos. En la vertiente que se descuelga hacia la Hoya de San Blas subsiste un nevero, probablemente ocupando el emplazamiento del antiguo ventisquero del Ratón.
 
 




Para alcanzar la Loma de los Bailanderos hay que pisar algunos canchos bailanderos y hacer alguna que otra trepadita o salvar algún paso largo con ayuda de las manos.
 
 
En actitud bailandera



 
En la siguiente bajada nos encontramos con una pareja que nos es familiar. No es tal encuentro porque en realidad todo estaba hablado y previsto. Nos sentamos a comer bajo unas rocas en las que apenas pega el viento. El sol luce durante un rato, aportándonos algo de confort, aunque por poco tiempo. Pronto vuelve a nublarse y el ambiente torna rápidamente a hacerse gélido. Toca levantarse de nuevo.
 
 
El momento del encontronazo
 
 
Desde el collado de la Najarra emprendemos la bajada final a la Morcuera, a donde llegamos un poco pasadas las cuatro de la tarde. Nos sorprende que el aparcamiento esté prácticamente vacío, a pesar de la previsión de tiempo tormentoso.
 
 






Pararemos en Miraflores a tomarnos algo, aunque bien abrigados. Aunque estamos a cuarentaitantos de mayo, la temperatura es más propia de marzo. Ya se sabe que a estas alturas del año es habitual pasar de sudar la gota gorda a quedarse uno aterido.
 
Al volver a casa nos hemos enterado de que la alcaldía de Pedrezuela, un feudo históricamente en manos peperas, ha cambiado de mano. La culpa, como podrán imaginarse, la tiene un cuatripartito de perdedores que se han puesto de acuerdo in extremis.
 
Bibliografía
Memorias del Guadarrama, por Julio Vías. En las páginas 189 a 192 se ofrecen datos interesantes sobre Asómate de Hoyos y Los Bailanderos.

sábado, 19 de febrero de 2011

De la Morcuera a Cuerda Larga y Bailanderos (12 de febrero de 2011)

Con esta ruta pretendíamos explorar una pequeña parte de la vertiente norte de la Cuerda Larga, con el pretexto de visitar el refugio del Pinganillo, que algunos no conocíamos. Sirvió también para conocer de cerca dos ventisqueros, el del Algodón y el del Ratón, de donde se sacaba la nieve depositada para su explotación comercial.
Empezamos la marcha en el Refugio de la Morcuera, situado junto a la carretera a poco más de un kilómetro del Puerto de la Morcuera en dirección a Rascafría. El día ha amanecido radiante.

Primeros pasos con la Cuerda Larga al fondo

Tiramos por la pista que sale en dirección al Refugio del Aguilón. Por el camino vamos descubriendo los restos de muñecos de nieve y demás construcciones, abandonados desde el anterior fin de semana anterior en el que la zona devió ser visitada por un auténtico ejército de turistas invernales.

Cucú cantaba la rana

A estas horas de la mañana y a la sombra hace fresquito y la nieve está bien consistente, algo que no encontraremos más arriba.

Nieve algo dura en la umbría

Llegando al refugio del Aguilón

El Refugio del Aguilón, que al parecer mantiene el grupo de montaña municipal de Rascafría, es un interesante lugar para pasar una noche. Está cuidadito y limpito, con una sencilla chimenea, aunque el suelo es un tanto irregular.

Refugio del Aguilón

Josete nos muestra la flexibilidad de su brazo izquierdo

A partir de aquí tiramos por la pista que sigue por la izquierda, abandonando la que llevabamos que baja hasta Rascafría.

Bonitas vistas de Peñalara, con una boina nivosa propia de la alta montaña

Van llegando nubes

La redondeada forma de Cabeza de Hierro Mayor

La pista que llevamos se acaba al llegar a un ancho cortafuegos, que hay que coger a la izquierda y en unos pocos metros nos sitúa en el Refugio del Pinganillo.
Es un coqueto refugio de dimensiones un poquito más grandes que el de el Aguilón y dotado, además de por la chimenea de una elevada tarima de madera para dormir. Las paredes de piedra sin enfoscar. Mola el sitio, habrá que planificar una marcha de varios días con pernocta en este refugio.

Interior del refugio

Se nos ve sin ganas de andar, a gustito se estaba aquí al solecito

Pero continuamos ascendiendo por el cortafuegos, el cual gira más adelante a la izquierda, y es en este lugar donde lo abandonamos para tirar directamente por la loma de Navahondilla.

Loma de Bailanderos, nuestro objetivo, pero no el de este pavo

A juzgar por los hitos que vemos de vez en cuando, se supone que deba haber alguna senda, pero la nieve, aunque no es muy abundante, nos oculta el rastro. No obstante, la marcha no tiene complicaciones.


Por la loma de Navahondilla

Se avanza fácilmente por un terreno bastante despejado de piornos

Antes del refrigerio


Tras un pequeño refrigerio se da la vuelta una parte del grupo (importantísimos compromisos pendientes les obligan a ello).
 
 
Dos que se rajaron

El baloncesto tira mucho

Los demás continuamos para arriba. El dia se ha ido "estropeando". Sobre la Cuerda Larga se ciernen nubes, por lo que decidimos atajar desde la loma de Navahondillo directamente al Collado de Pedro de los Lobos (si alguien conoce el origen de este nombre que lo diga), y pasando y pisando el Ventisquero del Algodón, situdado en la cabecera del arroyo del Aguilón. Por aquí la nieve está blanda y el avance es un poco más penoso.

Loma de Bailanderos, algo cubierta por las nubes

Desde el collado la ruta ya no tiene mucha historia, continuamos ascendiendo por la Cuerda Larga a Los Bailanderos, donde disfrutamos del espectáculo que nos ofrece el cielo invernal, comemos antes de congelarnos y bajamos desde el Collado de la Najarra al Puerto de la Morcuera.

La Pedriza

Embalse de Santillana