sábado, 22 de abril de 2017

El Teide (10 y 11 de abril de 2017)

El objetivo esta vez era el Teide (3.718 metros), el techo del Estado, y para alcanzarlo hemos planteado una travesía lineal de dos días que nos salió redonda y nos ha permitido apreciar la enorme belleza de los paisajes volcánicos que ofrece el Parque Nacional del Teide.
El Teide era la montaña sagrada de los guanches, que la llamaban Echeide, un nombre que soltado a botepronto suena euskérico. Su silueta cónica, a modo de pan de azúcar, es visible desde muchísimos rincones de la isla de Tenerife, y de las vecinas, a poco que el cielo esté despejado.
Lo cierto es que es una montaña que siempre ha ejercido un gran magnetismo sobre los viajeros que se acercaban a la isla. El científico, naturalista y explorador alemán Alexander von Humboldt, tenido por padre de la geografía moderna, ya ascendió al cráter del Teide en junio de 1799, en una escala que hizo en Tenerife camino del continente americano, un viaje de exploración de suma trascendencia en su época. Y el francés André Breton calificó al Teide como la montaña surrealista por excelencia.



Por la mañana dejamos el Puerto de la Cruz



El Teide nos espera


Echamos a andar el primer día, algo antes de la una del mediodía, desde el Portillo Alto (2.140 metros), iniciando una larga aproximación al gran volcán por los Llanos de la Retama. Tras dejar a nuestra derecha la Montaña de los Tomillos, la pendiente va endureciéndose progresivamente. Pasamos los Huevos del Teide y dejamos a mano izquierdal sendero que se dirige a la cumbre de Montaña Blanca (2.748 metros), una gran acumulación de piedra pómez, acometiendo a partir de aquí el tramo más duro de la subida. En los últimos dos kilómetros y medio salvamos casi 700 metros de desnivel para alcanzar el Refugio de Altavista (3.260 metros), en el que pasaremos la noche. Durante esta etapa hemos seguido los senderos nº 24, 6 y 7 del Parque Nacional del Teide.















Este pibe se nos coló en la foto y no estaba invitado











Los Huevos del Teide son en realidad bolas de acreción, formadas en una erupción acontecida hace 800 años mientras la lava descendía por la ladera y algunos fragmentos ya solidificados rodaban sobre la superficie todavía fundida, acumulando capas de lava como lo haría una bola de nieve.




















A nuestra llegada al Refugio de Altavista, en torno a las siete de la tarde, el termómetro exterior marca apenas 3 grados positivos. Pronto comenzará a ponerse el sol.
El refugio dispone de 54 plazas en 3 dormitorios con literas y se encuentra prácticamente lleno, en su mayoría de extranjeros. Nosotros, no obstante, fuimos precavidos y formalizamos nuestra reserva hace más de dos meses. No sirven comidas pero hay máquinas de snacks y de bebidas calientes y frías (el medio litro de agua mineral a 3,50 euros), así como cocina para uso de los alberguistas (agua corriente no potable y una práctica kettle para hervir agua y hacerse uno un té). Conviene advertir que los aseos no cuentan con duchas.







A las cinco de la mañana suenan las alarmas en nuestro dormitorio. Casi no se ha pegado ojo. Las literas chirriaban como demonios al menor movimiento y la atmósfera estaba muy cargada, resultando casi opresiva. No hubiera estado de más haber dejado abierto el reducido ventanuco de la habitación para que se renovara un poco el aire.
Todo es ajetreo y actividad en el refugio, en los dormitorios, en los baños, en el comedor e incluso en el descansillo de entrada. Unos desayunando y otros preparando ya el macuto para salir. Nuestro escueto desayuno consiste en algo de fruta, unas barritas, algún bocadillo que compramos en Puerto de la Cruz la víspera y un poco de té caliente, que entona y prepara el cuerpo para lo que nos espera.
Son más o menos las seis y cuarto de la mañana cuando abandonamos el refugio. Es todavía de noche, por lo que debemos ajustarnos nuestros frontales en la cabeza. El termómetro exterior marca un grado bajo cero. Con todo, lo peor es que sopla un viento algo molesto, que nos acompañará hasta la cima, por lo que la sensación térmica es aún más baja.

Iniciamos el asalto a la cumbre. Nos quedan aún algo más de 450 metros de desnivel que superar. Brillan montaña arriba, a modo de luciérnagas, los frontales de todos aquellos que han salido del refugio antes que nosotros. Adelantaremos a algunos montañeros que van más despacio que nosotros y nos rebasarán otros que se mueven con más ligereza.

A apenas 20 minutos del refugio se deja a mano derecha la vereda que lleva a la Cueva del Hielo, aunque no vemos absolutamente nada por ser aún de noche.
Un poco antes de llegar al mirador de La Fortaleza comienza a clarear hacia el Este. A poco de pasar el mirador se alcanza el paraje de La Rambleta (3.555 metros), donde se encuentra la estación superior del teleférico. Hay que decir que, debido al viento, no funcionó ayer con normalidad ni funcionará hoy, a excepción de un servicio para prestar apoyo al refugio de Altavista.

Desde La Rambleta arranca el sendero Telesforo Bravo (nº 10 del Parque Nacional del Teide), que lleva hasta la cumbre del Teide, superando los poco más de 160 metros de desnivel que aún restan. Se requiere un permiso para transitar por él entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde.





Ya es de día y casi tocamos la gloria con la yema de los dedos. A una extranjera, quizá algo afectada de mal de altura, parece faltarle aire. La subidita pasa factura. Un último esfuerzo y alcanzamos el pequeño cráter del volcán, de apenas 80 metros de diámetro, del que emanan varias fumarolas (estas emanaciones sulfurosas despiden calor como una estufa, como pude comprobar al acercar la mano a una rendija). A partir de este punto no hay más que remontar el filo Este del cono volcánico y en cinco minutos más nos plantamos en la cumbre. Son aproximadamente las ocho de la mañana, la vista es despejada y aguantamos casi un cuarto de hora en la cima echando fotos, pese a que el ventarrón nos azota. Estamos algo eufóricos. El típico subidón que le entra a uno tras haber culminado el objetivo.






Observen la sombra que proyecta el cono del volcán











Tras descender a La Rambleta, vamos a emprender desde aquí una bajada larga pero sumamente interesante, que nos va a llevar hasta el Pico Viejo (3.136 metros), al Oeste del Teide, cuyo cráter tiene nada menos que 800 metros de diámetro. Es un sendero muy pedregoso de roca volcánica negra por el que caminamos completamente en solitario. Durante las próximas horas no nos cruzaremos con nadie. Algunas fumarolas muestran la persistencia de la actividad volcánica.








Desde un mirador que hay de camino a nuestro siguiente objetivo no solo contemplamos el Pico Viejo, también el volcán Chinyero e incluso la isla de La Palma. A esta altura el frío aún aprieta y no nos sobra el chaquetón.





















Cráter del Pico Viejo


Desde el Pico Viejo, también llamado Montaña Chahorra, cuya última erupción tuvo lugar en 1798 (a través de una fisura o grieta en su ladera, a la que llaman las Narices del Teide), vamos a descender por el bonito sendero nº 23 del Parque Nacional del Teide (denominado Regatones Negros, en referencia a las coladas de lava negra solidificada o malpaíses que descienden por la ladera). La ropa va sobrando a medida que perdemos altura. Atravesamos varias vaguadas y en el último tramo de bajada enlazamos con el sendero nº 3, que pasa junto a los Roques de García, un conjunto de agudos peñascos entre los que destacan La Catedral y el Roque Cinchado, cuya característica silueta aparecía en un antiguo modelo de billete de 1.000 pesetas.
Son las cuatro de la tarde cuando damos por concluida esta fantástica travesía junto al Parador Nacional de Las Cañadas del Teide.






Montaña de Guajara






Roques de García






La Catedral



Roque Cinchado






Parador Nacional


Esta noche dormiríamos en Vilaflor de Chasna, que es la población más alta de la isla de Tenerife (a casi 1.500 metros de altura), rodeada de bosques de pino canario. Y a la mañana siguiente, en la plaza del ayuntamiento, pudimos contemplar el tajinaste rojo en flor, un candelabro cónico formado por centenares de inflorescencias que es la especie botánica más emblemática del Parque Nacional del Teide y de la isla de Tenerife.


El Sombrero de Chasna


Varios ejemplares de tajinaste rojo




Archivos
Teide (del libro Montañas de Fuego, de Ediciones Desnivel)

Documentales
Nuestros Parques Nacionales: Teide (de la serie Espacios Naturales, de RTVE, presentada por Miguel de la Quadra Salcedo)




Transporte público
Hay dos líneas de autobuses interurbanos de la compañía TITSA que suben hasta el Parque Nacional del Teide.

Línea 342: Costa Adeje - El Portillo
Recorrido: Costa Adeje (Estación) - Los Cristianos - Arona - La Escalona - Vilaflor - Las Lajas - Boca Tauce - Parador Nacional de Turismo de Las Cañadas del Teide - Estación inferior del teleférico - Aparcamiento de Montaña Blanca - El Portillo Alto - El Portillo
Existe un servicio diario que funciona todos los días (lunes a domingo).
Ida: A las 9:15 desde Costa Adeje y 9:30 desde Los Cristianos.
Vuelta: A las 15:15 desde El Portillo, 15:40 desde el Teleférico y 16:00 desde el Parador Nacional.

Línea 348: Puerto de la Cruz - Parador de Turismo de Las Cañadas del Teide
Recorrido: Puerto de la Cruz (Estación) - El Botánico - La Orotava (Estación) - Aguamansa - El Portillo - El Portillo Alto - Aparcamiento de Montaña Blanca - Estación inferior del teleférico - Parador Nacional de Turismo de Las Cañadas del Teide
Existe un servicio diario que funciona todos los días (lunes a domingo).
Ida: A las 9:30 desde Puerto de la Cruz y 9:45 desde La Orotava.
Vuelta: A las 16:00 desde el Parador Nacional, 16:05 desde el Teleférico y 16:30 desde El Portillo.

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