sábado, 12 de febrero de 2011

De La Granja al Chozo del Tío Blas (5 de febrero de 2011)

Primer fin de semana de febrero. Sábado. Hablamos Pueyo y yo de subir a Peñalara. La idea es coger el tren que va a Cotos. La víspera se nos apunta Josete y nos ofrece ir en su coche.

Quedamos en Plaza de Castilla a las 8 de la mañana. Muy tarde para un día de invierno extraordinario, con cielo raso, en el que los esquiadores colapsan Valdesquí. Y es que no aprendemos...

En la carretera que sube al puerto de Navacerrada hay mucho tráfico de subida. Pronto empezamos a sufrir las primeras retenciones. Aún no han dado las nueve de la mañana y cerca del puerto, vemos bajar en dirección Madrid a un coche con los esquíes sobre la baca. El conductor de otro coche, que también baja en sentido contrario, hace señas ostensibles con los brazos de que la cosa está imposible.

Al llegar al puerto de Navacerrada no tenemos ya dudas. La carretera que tuerce a Cotos está petada, por lo que decidimos cambiar de planes, tirar de frente y bajar hacia La Granja.

En La Granja hay algo de nieve en las calles. Aparcamos junto al palacio y al bajarme del coche en zapatillas casi me pego una piña. La nieve está algo helada.

Mientras tomamos el café de rigor, decidimos acercarnos al puerto de los Neveros.

Al callejear por La Granja nos sorprende el perfil rocoso de las Peñas Buitreras. Empezamos a subir siguiendo el muro del palacio.

La Fábrica de Vidrio y, a la izquierda, el muro del Palacio

Al dejarlo atrás, nos internamos ya en el pinar. Vamos todo el rato pisando nieve, nieve que a esta primera hora de la mañana se mantiene aún algo dura. El sol se filtra por entre los pinos.
Tras cruzar un arroyuelo de piedra en piedra, nos encontramos con una bifurcación y seguimos hacia la izquierda, fiándonos de unos confusos letreros de madera.

Los letreritos

Tras remontar una ladera en zigzag alcanzamos un mirador desde el que ya vemos el cerro del Moño de la Tía Andrea, cubierto por los pinos.

Alcanzando el mirador

Hacia la derecha se divisan otras cumbres de mayor entidad: la Mujer Muerta, el Montón de Trigo y los Siete Picos.

La Mujer Muerta

A nuestro frente aparecen la cresta de los Claveles y el Peñalara, completamente nevados. Los rayos del sol hacen resplandecer toda la enorme mole de la montaña y le dan una tonalidad anaranjada y un aspecto irreal, casi mágico. No tengo confianza en que en la foto salga bien, así que ni saco la cámara de mi riñonera.
Continuamos ascendiendo por una pista. El pinar se va aclarando algo a ratos. Hace un día magnífico y el frío de primera hora de la mañana es ya casi un recuerdo.

La Primavera llama a la puerta

Los pinos casi tocan el cielo

Pronto llegamos a la fuente del Montañero, con caño, donde se impone un breve descanso.

Fuente del Montañero

Unos diez minutos después de dejar atrás la fuente, llegamos a una bifurcación en la que nos entran dudas. Hacia la derecha la pista comienza a descender. Tras consultar el mapa, parece lógico tirar hacia la derecha, descender hacia el arroyo Carneros y a partir de entonces volver a subir hasta alcanzar un colladito que se abre entre los pinos y se intuye desde aquí un poco hacia la derecha. Este parece el camino lógico hacia el puerto de los Neveros. Sin embargo, y sin saber muy bien por qué, no tiramos hacia la derecha y seguimos de frente, por un sendero estrecho aunque marcado en su inicio por dos hitos hechos muy a conciencia.

Vamos ganando altura muy débilmente, echándonos algo a la izquierda, a media ladera, hasta que cruzamos un pequeño arroyo. Seguimos girando algo a la izquierda. El sendero es estrecho, parece que vamos bien, pues sigue habiendo algún letrero de madera que indica hacia el puerto de los Neveros, aunque también pone Chozo del Tío Blas. Pero algo no nos cuadra. Llegamos a un arroyo y al otro lado hay una rústica construcción, el Chozo del Tío Blas.

Chozo del Tío Blas

El chozo es muy modesto. Unos maderos colocados oblicuamente por fuera e hincados en el suelo ayudan a sostener la portezuela, cuyo cierre no es perfecto. Algo de nieve se ha colado a la entrada por una rendija. Sin embargo, el suelo parece seco. Dentro podrán dormir unas 4 personas, sin grandes comodidades. Al fondo hay un pequeño ventanuco y en el lateral derecho un tosco banco hecho con dos troncos largos, algo levantados del suelo. Todo muy sencillo. Un pequeño letrero de madera, fechado en 2008, parece indicar que hay alguien que se ocupa de mantener el chozo en un razonable estado. Un sitio en el que podría pasarse una noche inolvidable cuando los fríos invernales hayan quedado ya atrás.

Viendo el mapa no nos resulta difícil ubicarnos. El arroyo que acabamos de cruzar es el Carneros. El chozo no viene señalizado, pero sí la Majada del Tío Blas. La cosa está clara. El sendero por el que subíamos nos lleva realmente al puerto de los Poyales. Desde aquí, trasponiendo una loma, podría continuarse hacia el puerto de los Neveros, como era nuestra idea, pues hay de hecho letreros que así lo indican. Pero no es la subida directa al puerto de los Neveros, es una alternativa que da un rodeo.

Son la una y media y tampoco nos apetece continuar más. Decidimos comer en la majada que hay un poco más arriba del chozo, al otro lado del arroyo Carneros. Nos sentamos bajo unos pinos, sobre la hierba y unas rocas, aprovechando que aquí se ha ido la nieve.

La vuelta la hacemos por el camino de subida.

El cerro del Moño de la Tía Andrea, en la bajada

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