miércoles, 23 de febrero de 2011

De Tortuero a la Hoz del Jarama y el monasterio de Bonaval, con vuelta por Valdesotos (20/2/2011)

Muy interesante la zona al sureste de la Sierra de la Puebla, en tierras de Guadalajara. Un relieve sin grandes alturas, pero nada monótono, que esconde entre sus colinas agradables sorpresas, naturales y arquitectónicas. En esta ocasión hicimos un recorrido circular aprovechando algunos senderos en las orillas del Jarama y el GR-10 que pasa por aquí.
Iniciamos la marcha en Tortuero con la intención de subir a la Horca (el cerro, claro está), pero erramos el tiro a las primeras de cambio, vaya, el camino que figura en el mapa no aparece en el terreno, y no será la última vez.

Los olivos rodean el pequeño pueblo de Tortuero

La nieve, allá al fondo

Así que confiados nos adentramos en la Cuerda de la Gallinera con vistas, unos metros por encima al vallecito (El Valle, que llaman en Valdesotos) por el que discurre el GR-10 y nuestro camino de vuelta.

Por la cuerda de la Gallinera

En suave descenso

Aprovechamos un cruce de pistas para descender por la derecha a la pista asfaltada, que recorremos unos metros para retomar otro camino que sigue bajando hacia el Jarama, justo a la altura de un estrechamiento por el que se encajona el rio. Bonito rincón, pero apenas un aperitivo de lo que veremos después al pasar por la Hoz del mismo río.

Encajonamiento

El río Jarama

Apaciblemente discurre nuestra marcha. Alcanzamos de nuevo la carretera a la altura de un sifón del canal de Isabel II, la seguimos unos metros y nos salimos de ella para cruzar el Jarama por el curioso puente medieval aquí conservado.

Las Maris cruzando el puente medieval de Valdesotos

Otro tramo de carretera hasta el puente nuevo y aquí ya tomamos el sendero que nos lleva hasta la hoz del Jarama.
Para que la impresión no nos pille débiles decidimos llenar nuestros estómagos unos metros antes, mientras Aitona Alfredo nos cuenta sus batallitas académicas. Seguimos presa de la pachorra, mientras el tiempo pasa, apurando el día, como debe ser, luego llegarán los apurillos.
La hoz del Jarama es un cañón bien bonito y que merece la pena por sí sólo, como ya se han dado cuenta los buitres.

Hoz del Jarama

Húmedo tramo en la hoz

Al abandonar la hoz salimos a un camino de grava

Nada más salir del mismo aparece ante nosotros la romántica ruina del Monasterio Cisterciense de Bonaval, con sus enrredaderas trepando por los muros a medio caer. Se mantienen bastante bien los ábsides cabeceros de la iglesia. Un cartel colocado en el muro dice claramente "no pasar, peligro de desprendimientos", pero la tentación es irresistible y tres veces que he estado, tres que alguien ha subido por la estrecha escalera de caracol hasta la cubierta, algo tienen las ruinas que nos incitan a su imprudente exploración.

El monasterio en ruinas de Bonaval, desamortizado en 1821

Pero el momento "cachondo" y surrealista del día llega a continuación.
¿Por dónde cruzamos el Jarama para seguir el GR-10 que nos devolverá a nuestros coches? El río baja crecido, inundando por completo el vado por el que cruza la pista. Tenemos cuatro opciones: cruzar haciendo equilibrios por las vigas desnudas de un viejo puente, cruzar haciendo equilibrios por la húmeda corteza de un tronco que pasa de una orilla a la otra, cruzar apretando los dientes por el inundado vado de la pista o darnos la vuelta dócilmente para volver por el mismo camino. Hay partidiarios de todas las opciones y finalmente, y para disgusto de Javier, decidimos cruzar a la brava, por el vado.

Por aquí vadeamos el Jarama

Hasta las rodillas

Las escenas del personal cruzando descalzos, e incluso ¡sin pantalones! y no diré quién, que este blog es público, son mondantes...

Alcanza por fin la orilla, tras un interminable y angustioso minuto

La de enmedio se ha agenciado una buena tranca para cruzar

Tras cruzar el río y a unos pocos metros hay que buscar un sendero a la izquierda, para ello hay que localizar una pasarela de hormigón que cruza un arroyo secundario y seguir la traza por el borde de una parcela que enseguida se hace sendero para adentrarse en el monte de jaras y encinas.

Entre los jarales

Alcanzamos un colladito, y después, manteniéndose por la ladera, se llega de nuevo a la pista asfaltada, a la altura de una granja.
Continuamos por el camino en dirección a la granja y el granjero nos responde: ¿a Valdesotos? ¡todo seguido!
¡Quién nos mandaría hacerle caso...! Claro, que su compañero se pensaba que seguíamos la "ruta del bacalao"...

Espantapájaros

En fin, que nos confiamos y seguimos por la pista, la cual al llegar enseguida a un colladito, gira a la derecha y sube monte arriba, quéséyohastadónde...  Y para arriba que nos vamos, mientras la tarde agoniza. Al pobre Javier, que ya se había dado cuenta que esa dirección no era buena, no paramos de darle disgustos...
Pero terminamos por darnos cuenta y reculamos, bajamos de nuevo al colladito y enseguida localizamos un sendero que va descendiendo en dirección a la carretera, unos metros más abajo de Valdesotos. Hay que decir que desde las ruinas del Monasterio se supone que estamos siguiendo el sendero GR-10, pero en todo este tramo no hay ninguna marca.
Al llegar a la carretera hay que "convencer" al bueno de Javier que no se vaya por ella, hasta ese punto ha decaido su confianza en nosotros, y no es para menos.
Pero seguimos a Valdesotos, preguntamos a un lugareño, y detrás de la iglesia localizamos el sendero marcado aquí sí como GR-10.

El sendero continúa por encima de la iglesia de Valdesotos

Apenas en una hora, mientras anochece del todo y nos ladra una jauría de 200 perros, el sendero nos deja sanos y salvos ante unas cervecitas en Tortuero.
La constelación de Orión sale para despedirnos, nos subimos a nuestros coches, y hasta la próxima.
Bonito día, y bonita y recomendable ruta.



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2 comentarios:

  1. Pobre Javier, es de entender que no quiera volver después del maltrato al que fue sometido.
    Vergonzoso!
    La Choni

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  2. Una inverosímil ruta desde Tortuero. Impresionantes y solitarios paisajes, amables unas veces, agrestes otras y todo ello a poco más de una hora de Madrid. Bellas vistas del Ocejón nevado. Un precioso sendero atraviesa la hoz del Jarama.
    Y llegó la aventura del día a la hora de vadear el Jarama.
    Luego no anduve fino y me empeñé tercamente en seguir para arriba por aquella pista que nos llevaba a ninguna parte. Fueron momentos deofuscación. Javier dejó ya de verlo claro y estuvo luego a punto de abandonar la disciplina del grupo, pero logramos convencerle para que siguiera con nosotros. Cuando entramos en Tortuero, en medio de los ladridos de los perros, ya era de noche.
    Una vez más ejercí de torturador y abusé de la paciencia del personal, pero volví a librarme de terminar en el pilón.
    Habrá que volver a Tortuero. Mira que me gusta la zona. No tengo remedio.
    Ya tengo pensada una circular, con subida al cerro del Palancar.

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