jueves, 16 de junio de 2011

De La Granja a la Laguna de los Pájaros y el alto de los Neveros (12 de junio de 2011)

El plan de esta ruta consistía en subir al puerto de los Neveros (2.095 m.) desde La Granja, acercarnos desde el puerto a la Laguna de los Pájaros, si había ganas, y dar luego media vuelta y seguir por el cordal en dirección norte, pasando por el alto de los Neveros (2.138 m.). Desde el puerto de los Poyales (2.021 m.) bajaríamos de nuevo a La Granja. Se trataba de ampliar una ruta que algunos habíamos hecho a principios de febrero. Pero entonces no subimos más arriba del que se conoce como chozo del Tío Blas.

Saliendo del caserío de Urgel (La Granja)

Empezamos a andar a la entrada de la urbanización de Urgel y caminamos durante un rato junto al muro del Palacio, que se termina en lo que se conoce como el Esquinazo, un mirador con buenas vistas. Desde aquí contemplamos el Peñalara, los Siete Picos, el Ventoso, el Montón de Trigo, la Mujer Muerta, la Camorca, el *oño de la Tía Andrea, etc. Hacia el llano se encuentra la Granja, con las torres de su Palacio, las chimeneas de la Real Fábrica de Vidrio y el embalse del Pontón.

La Granja

El Montón de Trigo y la Mujer Muerta

Pronto entramos en el pinar y es que uno de los grandes atractivos de La Granja son los pinares que la rodean y que hacen que aquí el verano resulte algo más fresco y llevadero que en otros pueblos serranos. Una tupida masa de helechos cubre el suelo. Tenemos la sensación de ir caminando por la selva ecuatorial. El peligro acecha. En cualquier recodo del sendero puede estar esperándonos la anaconda. O la tarántula.

En plena selva

El pinar se aclara. No quiere esto decir que los pinos se acaben, sino que se espacian y adquieren un mayor porte. Algunos troncos alcanzan los 30 ó 40 metros de altura. Sus copas parecen tocar el cielo. Son pinos silvestres o de Valsaín. Guadarrama 100 %.

Pero el peligro acecha, ya lo advertíamos. Y efectivamente. Tengo la mala fortuna de pisar una piedra inestable y traicionera, me caigo y me hago una brecha algo aparatosa en la espinilla. La herida me sangra, pero decido hacerme el duro y seguir hasta la fuente del Montañero, que está ya cerca, para limpiarme allí.

Mi momento de gloria

Me lavo la herida con agua de la fuente y me aplico un poco de Betadine que Jose guarda en el botiquín que muy oportunamente lleva en su mochila. A pesar de la trompada hay que seguir, no voy a dejarles solos a los muchachos. "Antes morir que retroceder", me repito mentalmente el lema de cuando estuve con la Legión en Marruecos.

Cruzamos el arroyo Carneros por un coqueto puente de madera y ascendemos por entre el pinar hacia un collado bien perceptible. Pasamos junto a unas vacas y un imponente torete, medio reumático, al que sus muchos kilos le entorpecen el movimiento. A la altura del Raso del Pino se encuentra una pequeña estación meteorológica.

 Señalización

A partir de aquí, la subida hasta el puerto de los Neveros es muy directa, pero no se hace dura, pues en ningún momento nos enfrentamos a fuertes pendientes.
Vamos saliendo progresivamente del pinar y entrando en el reino de los piornos, que en esta época se muestran en flor, tiñendo de amarillo las laderas.

El amarillo de los piornos

Ya asoma Peñalara

En el tramo final de la subida nos cruzamos con un grupo grande de gente que, en sentido contrario, baja hacia La Granja. Lo hacen de forma desperdigada. Han salido de Cotos y están haciendo la tradicional travesía lineal de Cotos a La Granja. Cuentan para ello con un autobús de apoyo.

En el puerto de los Neveros decidimos acercarnos a la Laguna de los Pájaros, que se nos antoja el lugar ideal para comer y descansar.

Laguna de los Pájaros

No hay mucha gente cuando llegamos a la laguna. Pero por poco tiempo. Enseguida empiezan a asomar grupos y más grupos de gente por todas partes. Muchos bajan desde Peñalara por los riscos de los Claveles y de los Pájaros. Es este un enclave de nuestra sierra muy concurrido, objetivo habitual de muchos de los excursionistas que a diario se acercan hasta Cotos.
Algunos neveros aún sobreviven en la ladera que se descuelga desde el risco de los Claveles.

Tras la comida, volvemos sobre nuestros pasos y emprendemos la corta y suave subida hasta el alto de los Neveros, que constituye el punto más alto de la ruta de hoy. Quedan aquí bastantes restos de trincheras de la Guerra Civil.

En el alto de los Neveros, con vistas de La Granja y su embalse

Descendemos por el cordal hacia el puerto de los Poyales, con la esperanza de encontrar un transitable sendero por el que bajar a La Granja. Y así es. Se adivinan algunos hitos. Surgen también dudas a la hora de vadear el arroyo Carneros, que nace aquí. Pero pronto volvemos a ver los hitos que nos indican por dónde discurre el sendero. Va un poco más abajo de donde nos encontramos pero resulta fácil alcanzarlo nuevamente.

Un agradable sendero

Es una bajada muy bonita, tapizada de hierba. Las flores amarillas y blancas de los piornos le dan colorido y densos pinares cubren las suaves colinas que, al fondo, dibujan la transición con el llano.

Cervunal

Se nota que el sendero está poco pisado. Hay momentos en que se pierde un tanto y cuesta encontrar de nuevo los hitos. Una bajada recomendable para los amantes de la soledad.

Al otro lado del arroyo, semiescondido, se encuentra el rústico chozo del tío Blas, al que nos acercamos. Un lugar plácido y agradable, en el que nos abandonamos y nos echamos a descansar un buen rato sobre la hierba. Se está muy ricamente y nuestra voluntad es débil.

Tras la parada

Llegamos a la altura del puente sobre el arroyo Carneros, que queda un poco más abajo y que habíamos cruzado por la mañana. Un ciclista se ha despelotado y se ha metido en una poza para refrescarse.
A partir de este punto seguimos no por el sendero por el que subimos esta mañana, sino por otro, señalizado como PR SG-15 en el mapa (y, en efecto, está balizado con pintura amarilla y blanca), que discurre más próximo al cauce del arroyo. Es un sendero precioso, que culebrea entre el bosque.

En la selva, de nuevo

Pinos estilizados

Del Esquinazo en adelante el terreno se nos hace más familiar. El sol está ya bajo y sus rayos le dan una luz especial al cresterío de Peñalara.

El sol del atardecer cae sobre Peñalara

Las cervecitas post-ruta caen esta vez en la Pradera de Navalhorno, junto a la carretera, pues decidimos volver a Madrid por el puerto de Navacerrada.

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