viernes, 18 de noviembre de 2016

En la isla de Achill (14 de agosto de 2016)

Una vez más el día aparece cubierto. Hoy vamos a acercarnos a conocer la isla de Achill (An Cáol), que es la isla más grande del litoral irlandés. Quizá habría que referirse a ella como la isla que dejó de serlo, ya que desde hace algunas décadas está unida a Irlanda por carretera, gracias a un puente que salva las aguas del océano. 

La isla de Achill cuenta con enormes extensiones de turberas (ocupan más del 80 % de su superficie), montañas, recogidas calas, cabos rocosos y acantilados. Su pintoresquismo ha atraido a numerosos viajeros, algunos de los cuales se han establecido y residido en ella durante años, como el pintor norirlandés Paul Henry, el novelista británico Graham Greene o el periodista y escritor alemán Heinrich Böll. Este último se afincó en la pequeña localidad de Dugort durante los sesenta y setenta del pasado siglo.

Para llegar a la isla de Achill desde Kiltimagh salimos a la N5, que nos lleva a Castlebar, y a continuación tomamos la R311 hasta Newport (Baile Uí Fhiacháin), un pueblo pintoresco, frecuentado por los aficionados a la pesca, en el que paramos un rato para dar un paseo. Destaca su viaducto de siete arcos, una infraestructura construida a finales del siglo XIX para el ferrocarril Westport - Achill (o Great Western Railway) y actualmente rehabilitada como paso peatonal.
El antiguo trazado del ferrocarril ha sido acondicionado como vía verde, la Great Western Greenway, que tiene una longitud de 42 kms. y permite conectar Westport con Achill Sound. En Newport hay varias tiendas que alquilan bicis a un precio de unos 10 euros diarios para los que quieran darle al pedal y hacerse este recorrido en todo o en parte.












Ciclistas




Continuamos en dirección a la isla de Achill tomando la N59, una carretera que discurre a lo largo de la costa septentrional de la bahía de Clew, y pasamos Mulranny, localidad que tiene una playa con dunas que ostenta la bandera azul de la UE.

Al dejar Mulranny atrás, nos desviamos por la R319 y atravesamos el puente que une la isla de Achill con el resto de Irlanda, dirigiéndonos primeramente a Keel, que es la localidad más animada de la isla y cuenta con una larga playa, muy apreciada por los surfistas. Daremos un paseo por la playa y cerca de su final nos sentaremos a comer, aunque no se pueda decir que el día sea muy playero.




























Posteriormente nos acercamos hasta la playa de Keem, que se encuentra en el extremo más occidental de la isla, al pie del monte Croaghaun (668 m.). La carretera termina aquí.












Playa de Keem





Damos media vuelta y nos dirigimos ahora al pueblo en ruinas o deserted village que se extiende al pie del monte Slievemore (672 m.). Este asentamiento, ya habitado durante el periodo de dominación anglonormanda, fue abandonado definitivamente por sus habitantes durante la gran hambruna de mediados del siglo XIX.














Antes de volvernos a Kiltimagh, subimos en coche hasta la explanada con antenas que hay próxima a la cumbre de los Minaun Heights (o Altos de Minaun). Estamos a más de 400 metros y las vistas merecen la pena. A nuestros pies se encuentra la playa de Keel, por la que hemos estado paseando hace unas horas. Las nubes han ido poco a poco retirándose y todo apunta a que mañana tendremos un buen día para subir a Croagh Patrick.






Playa de Keel












Isla de Clare





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sábado, 12 de noviembre de 2016

Una circular desde Piñuécar (12 de noviembre de 2016)

La de hoy era la primera ruta de la Era Trump. Vienen malos tiempos para la lírica o eso cantarían los de Golpes Bajos para la ocasión. Menos mal que nos sigue quedando el senderismo. Antes de salir de casa conviene echar un último vistazo a la base de datos por si hay algún apuntado de última hora.





Hoy nos hemos acercado hasta Piñuécar (1.065 m.), un pueblo próximo a Buitrago y hasta hoy inédito en nuestras rutas, para llevar a cabo una ruta circular que no ha salido del todo mal, en un día en el que, contra toda previsión, no nos ha llegado a llover. Es Piñuécar un pueblo de tradición ganadera, cuyo nombre alude etimológicamente al pinar. De este pasado ganadero se conservan vestigios como la fragua y el potro de herrar.

La primera sorpresa al llegar al pueblo ha sido constatar que dispone de un coqueto bar social, que se encuentra en la misma plaza y no lleva mucho tiempo abierto.





Tras echar a andar, nuestro primer objetivo va a ser ascender a la Cabeza de Piñuécar (1.222 m.), un aislado cerro que se levanta sobre el pueblo. Bajo su vértice geodésico se oculta un búnker construido por los nacionales durante la guerra. Se dice que pudo estar aquí el puesto de mando del coronel García Escámez. Desde esta posición se controlaba la carretera de Burgos, a escasos dos kilómetros en línea recta, y se vigilaban los movimientos que llevaban a cabo los republicanos, apostados en el también próximo cerro de Cabeza Velayos (o Peña del Alemán). 






































































Continuamos nuestra andadura, acercándonos a otras dos elevaciones que ocupaban los nacionales. En una de ellas, designada con el nombre de Observatorio Casado, encontramos restos de una trinchera y un par de observatorios protegidos por un grueso techo de hormigón armado.






















Cabeza de Piñuécar

















Un francotirador albano-kosovar




Doblamos a la izquierda por un cordel ganadero que desemboca en la M-137, casi a la altura de las enormes antenas parabólicas del centro de telecomunicaciones y seguimiento espacial. Enlazamos al otro lado con el Cordel del Bosque, que discurre en paralelo al muro de piedra que delimita el antiguo coto de caza que tuvo aquí el Marqués de Santillana, en cuyo interior se encuentran las ruinas del palacete conocido como Casa del Bosque.








Alcanzamos la orilla del embalse de Puentes Viejas sobre las dos y media de la tarde, una hora muy propicia para hacer una pausa y sentarnos a comer. El tiempo es hoy plácido y la temperatura bastante suave.











Caminamos a continuación un rato junto a la orilla del embalse, en dirección este, pasamos por debajo del tendido eléctrico y salimos a un camino que gira hacia el norte para dirigirse de forma directa hacia Gandullas (1.007 m.), que junto con Piñuécar constituye un único ayuntamiento. 
































Junto a la iglesia de Gandullas hay una fuente y la curiosa Piedra de las Veces de la Reguera, una piedra labrada que, al modo de un reloj de sol, servía para regular el uso por turnos del agua de la reguera o cacera del pueblo por parte de sus vecinos, con vistas al riego de los huertos. El agua era traida desde el arroyo de la Acebeda. El reloj de sol está formado por una piedra circular (levemente inclinada y algo más delgada que las ruedas de molino) con varias muescas radiales (tantas como regantes) y una estaca en su centro, que proyectaba la sombra.














Por detrás de la iglesia sale el Camino de los Zarzos, por el que tiramos para Piñuécar para hacer los dos últimos kilómetros de esta ruta. Unos perros primero y un ternero un tanto bravo después sembrarán por momentos una cierta tensión.















En total, hemos hecho 13,5 kms., con unos 300 metros de desnivel, o al menos eso nos dicen los del Orux Maps. Ha sido una ruta variada, con el aliciente de pasar por algunos restos de la guerra civil (trincheras, observatorios y búnkeres).
Nos tomamos la penúltima en el bar social de Piñuécar, en el que tienen cerveza Bailandera, una cerveza artesana y de montaña que fabrican en Bustarviejo varias mujeres.





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El Bar de Piñuécar
Sirven desayunos, bocadillos, tostas, raciones, hamburguesas, ahumados, etc. Menús diarios (10 €) y de fin de semana (16 €). Especialidad en judiones de Villavieja y carne de la Sierra Norte.
Se halla ubicado en la antigua escuela del pueblo.
TF: 630.101.495.
Ofrecen rutas guiadas por el Frente de la Guerra Civil (o frente de Somosierra), que cuestan 5 € por persona (mínimo 4 personas) y duran aproximadamente dos horas y media. Hace de guía una mujer que vive en el pueblo y se llama Rosa.




El Frente de Somosierra
En los primeros días de la guerra los nacionales lanzaron un ataque desde el norte con la pretensión de adueñarse del embalse de Puentes Viejas, que era la fuente que abastecía de agua a la ciudad de Madrid.
Pero los republicanos, establecidos en Buitrago, ofrecieron una fuerte resistencia y lograron detener a las tropas nacionales mandadas por el coronel García Escámez.
A partir de ahí, el equilibrio de fuerzas llevó a que el frente quedara estabilizado hasta prácticamente el final de la guerra. Los nacionales controlaban, por ejemplo, Piñuécar y su cerro, en tanto los republicanos, asentados en Buitrago, establecieron algunas posiciones más avanzadas, como la del cerro de Cabeza Velayos (conocido también como Peña del Alemán porque aquí resultó gravemente herido en los primeros combates Max Salomon, un alemán integrado en las brigadas internacionales). También combatió aquí la miliciana Rosario Sánchez, la Dinamitera, a la que cantó en un poema Miguel Hernández. 

Rutas de senderismo por el municipio Piñuécar-Gandullas
De Piñuécar a Aoslos por Bellidas, con vuelta por la Cañada de las Vaquerizas
De Piñuécar a Bellidas, con vuelta por la espadaña de Santo Domingo
De Piñuécar a Madarcos por el Camino del Molino
Subida a la Cabeza de Piñuécar
De Piñuécar a Gandullas
Circular de Piñuécar-Gandullas por el embalse de Puentes Viejas
De Gandullas al embalse de Puentes Viejas