domingo, 22 de abril de 2018

La fábula de los zánganos y el cocodrilo (22 de abril de 2018)

Éranse una vez varios zánganos que se escaparon de su colmena, aprovechándose de que la abeja reina yacía en su alcoba con un abejorro, y se fueron hasta Canto Cochino para conocer La Pedriza.

A los zánganos no les hacía mucha gracia la idea de cargar con las mochilas durante toda la ruta y alquilaron un burro a un arriero que pasaba por allí para que les llevara sus pertenencias. Son unos listillos estos zánganos.






Maravillados por los impresionantes riscos de La Pedriza, los zánganos ascienden trabajosamente, todo un oxímoron, pues los zánganos, como es bien sabido, siempre le han tenido alergia a eso del trabajo y del esfuerzo.

Al llegar al pie del Cocodrilo, los zánganos se introducen en el Callejón de Abejas, que remontan en su integridad para luego girar a la derecha y comenzar el descenso hacia el collado de la Ventana, donde se sentarán a comer.






















El zángano de las patas largas




Tras la comida, los zánganos, amantes de haraganear, se echan a dormir y en este fatal momento de abandono, un gigantesco saurio, que escapó a la extinción del Terciario y desde entonces vive en este laberinto pétreo que es La Pedriza, se abalanzó sobre ellos, abrió sus enormes fauces y se los tragó a todos de un solo bocado. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.




Última imagen tomada de los zánganos


Y La Pedriza quedó desierta


Y la moraleja de esta historia, que no está tomada ni de las fábulas de Lafontaine, ni de los cuentos de los Hermanos Grimm, es la siguiente: En la montaña uno debe permanecer siempre alerta porque el peligro acecha detrás de cada piedra.

Los Chozos de Aldealengua de Pedraza (21 de abril de 2018)

Hoy hemos hecho una ruta por el piedemonte segoviano, dentro del término de Aldealengua de Pedraza. Una ruta bastante asequible en lo físico pero que no está señalizada ni bien cartografiada, lo que puede dificultar su ejecución. Es además una zona desconocida para el senderista medio, con una ratio de senderistas por kilómetro cuadrado que se acerca a la de Siberia.

Tras una breve parada en Navafría para tomar el café en el bar El Mayo (donde hacen una tortilla de patatas digna de aparecer en la Guía Repsol), aparcamos los coches en Ceguilla (1.200 m.), a orillas del río del mismo nombre, que es el afluente más importante del Cega.


Navafría


Bar El Mayo


Ceguilla


Caminamos apenas medio kilómetro por la carretera hasta el barrio de Cotanillo y allí tomamos el camino que se dirige hacia la sierra.

Al pasar junto a una explotación ganadera, se nos une un mastín o mastina de nombre Toni, que previamente pone a buen recaudo las ovejas que tiene a su cargo. Toni resulta ser un cachorro de unos seis meses de edad, que va a acompañarnos durante toda la ruta, pese a cojear ligeramente de una de sus patas traseras.

A mano derecha del camino, dentro de un cercado, nos encontramos el Chozo de la Portera de la Dehesa, que se mantiene bien conservado.


Chozo de la Portera de la Dehesa


Atravesamos el portalón que da acceso a la extensa Dehesa del Morcillo, unas tierras del común que los vecinos han disfrutado durante siglos para sacar a pastar a sus rebaños.


Acceso a la dehesa




Más adelante, nos desviaremos del itinerario principal para ir en busca del chozo de los Corrales, que se encuentra en pleno corazón de la Dehesa del Morcillo, pero las referencias no están nada claras y no conseguiremos dar con él.




Tras enlazar de nuevo con el itinerario principal, ascendemos hasta el Raso Matacán (1.550 m.), un paraje desarbolado, a modo de meseta algo elevada, que ofrece buenas vistas. Nos sentamos a comer sobre unas rocas, único sitio que encontramos libre de humedad. 




Raso Matacán


Toni






Nos ponemos nuevamente en marcha y a menos de un kilómetro llegamos al chozo de la Fuente de los Carnereros, un auténtico refugio en el que no está Seche, ni se le espera. Al fondo se levanta la Peña del Buitre (2.104 m.), cubierta aún de nieve, que hoy no es nuestro objetivo.


Peña del Buitre


Chozo de la Fuente de los Carnereros


En este punto torcemos a mano izquierda unas rodadas que pronto se transforman en camino carretero. En alguna de las bifurcaciones que encontramos se nos plantean dudas, pero tomaremos en todo momento la decisión correcta, acabando por salir a una pista, que va perdiendo altura y girando hacia la izquierda hasta empalmar, un poco antes de llegar a los Cuatro Caminos, con el itinerario que seguimos a la subida.












Casi al final, nuestro compañero de fatigas, Toni, se despide de nuestra compañía. Hemos conseguido completar esta inédita ruta casi sin fallos, superando el control de calidad. Han sido 12,5 kilómetros y 350 metros de desnivel, al menos esto es lo que se deduce de la información que manejábamos.




A la vuelta, pararemos un rato en Lozoya para sentarnos en la terraza del Mesón El Valle y pedir unas bravas. La salsa que acompaña las patatas tiene un toque de orégano que le da muy buen sabor.




Aldealengua de Pedraza
Este municipio segoviano limita al oeste con Navafría y al este con Gallegos. Comprende actualmente cuatro núcleos habitados: Ceguilla, que es la sede del ayuntamiento, y los barrios de Cotanillo, Martincano y Galíndez.
Aldealuenga es un lugar hoy prácticamente desaparecido, que se asentaba en el paraje de Las Pasturas, una elevación al oeste de Martincano, en la que aún subsisten la iglesia románica de Nuestra Señora de la Asunción (siglo XII), hoy catalogada bien de interés cultural, y el cementerio. 
También han desaparecido otros barrios, como La Ermita, Carazo, Guijerme, La Peña, Riachuelo y San Polillo.
Etimológicamente, el topónimo Aldealengua es una metátesis de Aldealuenga (aldea larga), su nombre originario.
Parece que Aldealengua fue fundada durante la Reconquista para proteger a la villa de Pedraza de posibles ataques musulmanes que pudieran llegar del puerto de Lozoya (hoy de Navafría). Durante siglos perteneció a la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza.
Al abandonarse Aldealengua, Ceguilla, que hasta entonces era un barrio, pasó a convertirse en el núcleo principal del municipio y su sede administrativa.

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sábado, 21 de abril de 2018

De Garganta de los Montes al Mondalindo y Peña Negra (15 de abril de 2018)

Para la ruta de hoy, con inicio en Garganta de los Montes (1.135 m.), nos hemos congregado un octeto al que alguien se refirió, jocosamente, como Blancanieves y los Siete Enanitos. No hay ni mucho menos que ser un lince para entender el sentido de la broma.









Salimos del pueblo siguiendo el camino que se dirige a Canencia, que abandonamos para flanquear la Peña Gorda (1.482 m.) por su ladera oriental.












Llegamos a un collado herboso que da vista al vallejo en el que se esconde la Chorrera de Rovellanos. Desde aquí ascenderemos de forma bastante directa hacia nuestro primer objetivo, el pico de Mondalindo.




Caminamos en paralelo a la valla metálica que separa los términos municipales de Garganta de los Montes y de Canencia. Ganamos paulatinamente altura y entramos por vez primera en contacto con la nieve, que poco a poco irá haciéndose más profunda, lo que nos obligará a ajustarnos las polainas.




Superamos en nuestro ascenso al menos dos cotas, que en los mapas llaman Peña Ahorcada y Cerro de los Castillejos, sorteando rocas, piornos y neveros por donde mejor nos parece, puesto que no hay hitos de ningún tipo.






Se hace larga la subida. Se nos resiste la cumbre. Por si fuera poco, la niebla se nos ha ido echando encima y ha empezado a lloviznar a ratos. Es de estos momentos en que uno piensa que hubiera sido mejor quedarse en casa. Parece que no vamos a llegar nunca pero no, finalmente alcanzamos el vértice geodésico del Mondalindo (1.833 m.). Hay varias placas conmemorativas, entre ellas una que recuerda a Raúl, uno de los fundadores de Luz de Cruce, y a su novia, ambos fallecidos en el accidente ferroviario de Santiago, hará ahora hace cinco años.






Continuamos ahora en dirección a la Peña Negra (1.837 m.), coronada por varios repetidores, que dista apenas kilómetro y medio de donde estamos. Es un tramo en el que se desciende unos cincuenta metros para luego volver a ganarlos. Prácticamente no distinguimos los repetidores hasta que estamos al lado de ellos, debido a la niebla. Durante el tiempo que nos sentamos a comer, la niebla va disipándose, se abre algún claro y llega incluso a asomar el sol. 








Reanudamos la marcha, encaminándonos hacia El Reajo (1.742 m.), coronado también por repetidores. La nieve irá poco a poco quedando atrás y por cortafuegos, pistas y senderos vamos bajando hacia Garganta de los Montes, pasando junto a la entrada del albergue rural que hay a las afueras.
















Con el pueblo ya a la vista, habrá aún tiempo de que nos pille el último chubasco de la jornada. En total han sido 16-17 kilómetros, con 850 metros de desnivel. Rematamos la faena, con perdón por la alusión taurina, entrando en el bar El Carillón, donde pedimos dos raciones de braviolis que están estupendas. Nos sacan a cada uno una taza de caldo que es cortesía de la casa, además de la tapa que acompaña a cada una de las dos rondas de bebidas. Estos son detalles que no se olvidan.