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viernes, 31 de octubre de 2025

Muriel - Despoblado de Sacedoncillo - Ermita de Peñamira - Muriel (18 de octubre de 2025)

Esta es una ruta circular, de desnivel bastante moderado, que me pareció adecuada para probarme porque días atrás tuve molestias en una rodilla. 


Mural en Torremocha del Jarama


Salimos de Muriel en dirección a Tamajón, siguiendo el GR-10 (marcas blancas y rojas). Por consejo de unos vecinos de Muriel nos acercamos hasta la cumbre de El Castro, que es el cerro que se levanta justo encima del pueblo. Han instalado allí un sencillo buzón. 



El Castro y su buzón de cumbre


Muriel desde El Castro


En el despoblado de Sacedoncillo, a la altura de su iglesia en ruinas, abandonamos el GR-10 y torcemos a la izquierda para tomar un sendero algo desdibujado, que más adelante desemboca en una pista de tierra. 


Despoblado de Sacedoncillo


Girando poco a poco hacia la izquierda, la pista nos lleva hasta el collado Rancho, donde se nos presenta una bifurcación. A la izquierda, de vuelta hacia Muriel. A la derecha, a la ermita de Peñamira. 



En el cruce tomamos hacia la derecha y vamos perdiendo altura hasta llegar a la ermita de Peñamira, que se levanta a la orilla el embalse de Beleña. Aquí comemos y después retrocedemos hasta el collado Rancho donde continuamos de frente hasta Muriel.



Embalse de Beleña


Ermita de Peñamira




Embalse de Beleña


Llegando a Muriel


Enlace: Track de la ruta en Wikiloc

Distancia: 16,5 kilómetros

Desnivel: 375 metros


viernes, 25 de mayo de 2012

Subida a la Tonda desde Tamajón y bajada hasta Muriel por las Hoces del Sorbe (12 de mayo de 2012)

Esta propuesta consistía inicialmente en una ruta circular desde Tamajón, subiendo inicialmente al pico de La Tonda y bajando a continuación a las Hoces del Sorbe. Una vez en Muriel, volveríamos a Tamajón siguiendo el GR-10.
No era una ruta de mucho desnivel, en total de poco más de 400 metros. Ante tamaña propuesta, Raquelchu dijo algo de que estábamos cayendo muy bajo. Y más bajo caíamos aún al final, como luego se verá.

Al llegar a Tamajón (1.033 m.), compramos pan y unos bollus preñaus donde siempre, a la entrada. Y el café, pues donde siempre, en El Frenazo.

Salimos del pueblo por detrás de la iglesia, tomando el camino que se dirige hacia el cerro de La Tonda. Pronto pasamos junto a una pequeña laguna que se ha originado en lo que antiguamente era una cantera o gravera.



Salimos por detrás de la iglesia


Laguna


A nuestra izquierda, por detrás de unas suaves lomas cubiertas de pinos, descuella la elegante silueta del Ocejón.


Asoma la puntita del Ocejón y estos, que iban por delante, dan la vuelta


Tras dejar atrás un bosquecillo de robles, aún pelado, nuestro camino asciende progresivamente por monte cubierto de jaras y matorral. Una auténtica solanera por la que el astro rey nos castiga y de qué manera. En este tipo de situaciones tiendo a ponerme en cabeza y a acelerar el paso para no escuchar los improperios que lanzan por detrás.


Ozú, qué caló


El calor pega de lo lindo y ya hay alguna que otra nenaza que hace amago de darse la vuelta y dar por concluida la ruta. Parece mentira que el domingo pasado, hace seis días, pasáramos algo de frío en la cumbre del Reajo Alto.

Unos pocos desprensivos nos llegamos hasta la cumbre de La Tonda (1.242 m., vértice geodésico y antena), mientras las nenazas se quedan a escasos 50 metros de coronar, a la sombra de unos pinos. Qué bajo estamos cayendo, madre mía, si Roberto el gaditano, el Webmaster, levantara la cabeza... Y eso que el desnivel desde el pueblo hasta aquí ha sido escandalosamente ridículo, poco más de 200 m. Bueno, tampoco hagamos sangre.


Vista del Ocejón mientras nosotros miramos hacia la sierra de la Puebla


¿Subidos al paraguas?


Yolanda se come un yogur


Continuamos hacia una cumbre gemela, un poco más baja y más al este, que llaman mirador de La Tonda (1.227 m.). Desde aquí se columbra ya el tajo o estrechamiento que forman las hoces del río Sorbe. Al otro lado del barranco se yergue la Sierra Gorda, con el pico Santotis, al que algunos montañeros con un currículum impresionante aún no han subido.




José Manuel se protege del sol con un ancho paraguas, recordándonos que no solo vale contra la lluvia y que puede hacer las veces de sombrilla. Maite comenta muy oportunamente que parece salido de la peli Paseando a Miss Daisy.




El camino sigue y desciende hacia las hoces. Se aprecian restos de trincheras de la Guerra Civil. Según leemos el río Sorbe hizo de divisoria entre las tropas nacionales, al oeste, es decir, al lado en que nos encontramos, y las tropas republicanas, al este, al otro lado del río.






Seguimos descendiendo por la cuerda cubierta de jara, pero por aquí ya sopla un poco de aire y no hace tanto calor. Frente a nosotros se levanta un peñasco (¿Peña Aguda?) y al llegar a sus pies, el camino muere bruscamente.




La duda es qué hacer ahora: si rodear el peñasco y seguir de frente, por el cordal, si descender hacia el Sorbe, a nuestra izquierda, por fuertes pendientes, o si echarnos hacia el barranco que queda a nuestra derecha, por pendiente menos pronunciada. Optaremos por bajar directamente hacia el río Sorbe, pues Josete ha descubierto algo que se parece a un antiguo camino, salvo José Manuel y Reyes, que no lo ven claro, y con razón, y se decantan por la primera opción.


Bajada a lo kamikaze


El riesgo de esta bajada es enzarzarnos o embarrancarnos y al final terminará por pasar un poco de ambas cosas. El supuesto camino se difumina pronto y a partir de ahí hay algunos hitos dispersos que nos van bajando por entre las rocas. Es el momento de echar mano de las manos, valga la redundancia, y también de los culos.




Con un poquito de canguelo y a sentadillas las nenazas y los nenazas vamos perdiendo altura hasta llegar a la zona de zarzas. Aquí Raquelchu sufre un principio de mareo o lipotimia, no sabemos si por efecto del calor o es que padece de zarcitis o fobia a las zarzas. El caso es que José Antonio se ve obligado a desdoblarse y a multiplicarse para ayudar a Raquelchu, por un lado, y a Maite, por otro, enredadas entre las zarzas. Maite luce pronto unos aparatosos arañazos que le van a impedir ponerse faldas por una temporada y a Raquelchu hay que darle agua pues se la ve fundida. No parece la Raquelchu de Bilbao a la que estamos acostumbrados.

Al llegar a las orillas del río Sorbe, que nace a escasos kilómetros de aquí, en el hayedo de Tejera Negra, la cosa cambia. El ambiente es más fresco y caminamos bajo el soto que se extiende por su orilla y nos da sombra. A ratos, el camino se separa un tanto del cauce y atraviesa algún canchal pedregoso pero pronto vuelve a aproximarse de nuevo hasta el río. De José Manuel y Reyes no sabemos nada. No tenemos idea de si irán por delante o por detrás, o si incluso se habrán vuelto para Tamajón.






El hambre aprieta y hacemos una parada a la orilla del río para comer. Antes algunos se refrescan un poco metiendo los pies en el agua. La cosa se va animando y desmadrando, y algunos terminaremos por darnos un chapuzón. No hemos traido bañador pero como hay confianza el personal va quedándose literalmente en bragas y en paños menores.


Relax tras la tensión


Hombre al agua


En este tramo del río hay algo de corriente y a Gina, que se mete en el agua confiadamente, casi la arrastra. Menos mal que Josete andaba cerca y pudo alargarle un bastón para que se agarrara.

Tras la comida sesteamos un poco e Inés se apercibe de la presencia de un sapo que lleva inmóvil un buen rato sobre una piedra. Su quietud y su color oscuro lo hacen mimetizarse y pasar casi desapercibido. Sus ojos grandes de color dorado, con la pupila horizontal, nos miran con fijeza.


El sapo inmóvil


Es un sapo común (bufo bufo) de considerable tamaño. Debe tratarse de una hembra, pues las hembras son más grandes que los machos, pudiendo alcanzar los 15 cm. de longitud frente a los solo 10 cm. de los machos. Presentan piel rugosa, recubierta de glándulas que segregan un líquido tóxico e irritante.

Nos ponemos a hacerle fotos como locos y él se hace el loco, permaneciendo inmóvil. Finalmente se mueve y se zambulle en el agua, comenzando a bucear y a bracear lentamente.


Al final se mueve




Estos animales se alimentan de insectos. Para cazar aplican la estrategia de quedarse totalmente inmóviles, a la espera de que llegue alguna presa desprevenida, sacando entonces la lengua a gran velocidad para engullir a su víctima.

Tras el espectáculo aparecen por sorpresa José Manuel y Reyes, que venían por detrás. Seguimos todos juntos nuestro camino. Pronto nos cruzamos con un grupo de pescadores en plena faena. Nos explican que es un tramo de pesca sin muerte y que la trucha que han pescado la han devuelto al río.


Zona escarpada


Recorremos un tramo muy hermoso del río Sorbe, en el que el soto o bosque de ribera se mantiene en un excepcional estado de conservación, haciendo las delicias de los fotógrafos. Son unas alisedas espléndidas, que conforman umbrosos bosques de galería y que quedan incluidas dentro del Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) denominado Sierra de Ayllón, que está protegido por la Directiva de Hábitats de la Unión Europea. Dominan los alisos (alnus glutinosa), aunque también se dan los fresnos (fraxinus angustifolia) y otras especies.
Se trata de un paisaje poco alterado por la mano del hombre. Aguas arriba del punto en que estamos se ubica el pequeño azud del Pozo de los Ramos, inaugurado en 1972 para derivar agua del Sorbe al canal del Jarama y para que así pueda ser utilizada por el Canal de Isabel II para el abastecimiento de Madrid. No obstante, este azud tenía un carácter provisional, pues ya existía el proyecto de construir una gran presa de hormigón para regular el caudal del río. Por fortuna tal proyecto se encuentra actualmente paralizado.




El agua se remansa y llegamos junto a una pequeña presa de piedra de la que nace un canal o caz que el río alimenta.




Un poco más adelante, a la altura de un merendero, nos topamos con un grupo de gente con niños que guardan en un cubo un cangrejo que han cogido del río. Nos lo muestran y resulta ser un cangrejo señal (pacifastacus leniusculus), una especie invasora, al igual que el cangrejo rojo americano (procambarus clarkii), que han colonizado casi todos nuestros ríos y constituyen una amenaza gravísima para los ecosistemas y las especies autóctonas, en especial para el cangrejo de río autóctono o ibérico (austropotamobius pallipes), casi exterminado totalmente y hoy en peligro de extinción.




El cangrejo señal o cangrejo del Pacífico es originario de la costa oeste de Norteamérica y fue introducido en 1960 en Suecia y posteriormente en toda Europa.
Sus pinzas o quelas poseen una característica mancha blanca de la que procede el nombre de cangrejo señal.
Son de color marrón, con tonos azulados a rojizos. La parte ventral del cuerpo presenta un color azul intenso y la cara ventral de las quelas un color rojizo.
Los machos alcanzan longitudes de 15-16 cm. y las hembras de 12 cm.
Es omnívoro. Se alimenta de la vegetación y los insectos que se encuentran en el fondo del agua, así como de la vegetación de la orilla. Prefiere las hojas de aliso o arce a las de roble o fresno. Practica también el canibalismo, sobre todo al aumentar de tamaño con la edad.


El cangrejo señal y las manchitas blancas en las pinzas


La cara ventral del cangrejito


En cuanto al cangrejo de río autóctono o ibérico, resulta muy raro de ver. Es especie protegida y no puede pescarse. Quedan pocos ejemplares en nuestros ríos. La mayoría de ellos desapareció a consecuencia de la sobrepesca, de la contaminación medioambiental y, sobre todo, de la introducción y expansión de los cangrejos rojos americanos, soltados por vez primera en 1974 en el coto de Doñana. El problema es que los americanos, portadores de un hongo, aniquilan a los españoles con el solo contacto, provocándoles una enfermedad llamada afanomicosis o peste del cangrejo, que les causa una mortandad del 100 %. Curiosamente los cangrejos americanos nunca llegan a desarrollar la enfermedad. Y lo más sangrante es que su introducción en Doñana estuvo auspiciada por la universidad estadounidense de Louisiana. Manda huevos, que diría nuestro querido Federico Trillo.
En la actualidad el cangrejo autóctono ha quedado relegado a pequeños tramos del curso alto de algunos ríos, allí donde las aguas se mantienen muy puras y donde el cangrejo rojo no ha conseguido llegar.
La extinción del cangrejo autóctono es catastrófica desde un punto de vista ecológico, pues se alimenta de detritus, contribuye a mantener limpio el medio acuático y evita la contaminación orgánica (eutrofización), mientras el cangrejo rojo arrasa con todo ser viviente (huevos, alevines, renacuajos, algas, etc.), empobreciendo los ecosistemas. Por si fuera poco, el sabroso cangrejo autóctono tiene unas cualidades culinarias muy superiores al insípido cangrejo rojo.

Este del cangrejo señal ha sido un inesperado encuentro, casi más inesperado que el del sapo, tras lo cual el tiempo comienza a ponerse feo. La tormenta acecha. Apretamos el paso. La lluvia nos pillará en la carretera de acceso a Muriel. Capas, chubasqueros y cubremochilas hacen su aparición.

En Muriel nos resguardamos en el bar El Mirador. La lluvia cae incesantemente y ni siquiera tras una segunda ronda de cervezas mejoran las cosas. En estas condiciones se antoja complicado seguir por el GR hasta Tamajón.




Alguien no autorizado negocia con unos del bar que tienen coche para que lleven a nuestros conductores hasta Tamajón. Las negociaciones fructifican y la ruta, nuestra ruta, se da por concluida. Tendremos que hacer el GR entre Muriel y Tamajón, que no conocemos, en otra ocasión. Triste epílogo para un gran día. Estamos cayendo muy bajo, casi a la altura del betún.

Cuando nuestros conductores vuelven al bar de Muriel para recogernos, sigue lloviendo con ganas. Despedida sin muchos preámbulos y para casa.

jueves, 9 de junio de 2011

De Muriel a la ermita de Peñamira (Guadalajara) - 28 mayo 2011

Coincidiendo con la romería a la ermita de Peñamira, que se celebra el último sábado del mes de mayo, el mes de las flores, nos acercamos hasta el pequeño pueblo de Muriel, que está a unos siete kilómetros de Tamajón, junto al río Sorbe y debajo de la que en los mapas llaman Sierra Gorda, en la que se enclava el pico Santotis, de inolvidables recuerdos.

Fue inevitable hacer una parada, de camino, en Tamajón y comprar los habituales bollos preñaos en la panadería que hay a la entrada, junto a la carretera.

Unos metros más adelante, sin llegar a la iglesia de Tamajón, sale hacia la derecha la estrecha carretera que nos conduce a Muriel. Aunque está señalizada, es fácil pasársela de largo.

Comenzamos la corta caminata en Muriel, atravesando su calle principal y dejando a la izquierda la iglesia y una casa rural.
En menos de diez minutos pasamos junto a una fuente y un lavadero.

Fuente y lavadero

El camino que nos lleva a la ermita se inicia aquí, de frente, junto a la cancha de deportes roja que queda a la izquierda. Enseguida nos encontramos con una cadena que impide el paso de vehículos.

Al principio, vamos caminando monte arriba, entre olivos y encinas. Aunque el sol luce, para la tarde anuncian tormenta.

Entre olivos y encinas

Un poco más adelante, empieza a predominar el pinar de repoblación. Gracias a las lluvias primaverales el campo presenta un intenso verdor.

El campo está exuberante

A una hora del inicio llegamos al collado Rancho. Hacia la derecha parte otra pista que sube, pero la ignoramos y seguimos de frente, bajando un rato para nuevamente volver a subir. Un poco más adelante avistamos entre los pinos el pantano de Beleña y, en su orilla, la ermita de Peñamira.

Ya se ve nuestro objetivo

Pero no hay desde aquí una bajada directa a la ermita. Se debe continuar de frente, alcanzar el collado de los Yesares y luego ir rodeando el cerro Bermejo por detrás.
Desde el collado de los Yesares se baja en cuesta hasta entroncar con la pista que viene de La Mierla, a orillas ya del pantano.

Raquel y Kiko a orillas del pantano de Beleña

Tomamos la pista que viene de La Mierla hacia la izquierda, bordeando el embalse, y en un cuarto de hora, tras un recodo, se nos aparece la ermita de Peñamira. Hay coches aparcados en sus inmediaciones. La gente, que viene de La Mierla, Beleña de Sorbe, Muriel y otros pequeños pueblos de los alrededores, está congregada por detrás de la iglesia y dirige sus miradas al altar con la virgen, que han montado al aire libre. Pero la misa parece ya haber terminado.

El altar al aire libre

Ahora están subastando las andas, a ver quiénes cargan con la virgen para meterla de nuevo en la iglesia. Subastan los cuatro brazos de las andas y también las cuatro cintas de distintos colores que cuelgan de los brazos (la rosa, la azul claro, la verde y la negra). En cada puja se sube hasta 30, 40 ó 50 euros.

Los romeros cargando con las andas

En la puerta de la ermita se hace una nueva parada y los dulzaineros de Azuqueca de Henares, vestidos de morado, tocan alguna que otra melodía tradicional castellana.

A la entrada de la ermita, con los dulzaineros, de morado, en primer plano

Se repite nuevamente el ritual de la subasta. Ahora se trata de disputarse el honor de meter la imagen en la ermita y depositarla en el altar. Y recaudar más dinerillos, por supuesto. Finalmente la virgen es introducida en la ermita mientras los dulzaineros interpretan los pasos del himno nacional. Una imagen un tanto berlanguiana.

Virgen de Peñamira

Cumplido el ritual, la gente se dispersa por los alrededores de la ermita para comer. Se busca la sombra de alguna encina o el frescor de las aguas del pantano. Es un paraje de una gran belleza.

El pantano de Beleña y la ermita de Peñamira

Es la hora de la comida. La gente se ha traido mesas y sillas para estar más cómoda. Pero tampoco somos una multitud. No más de ciento cincuenta personas. Y es que los pueblos de por aquí se quedaron casi vacíos en los sesenta, por efecto del éxodo rural, y solo a partir de los noventa han ido recuperando algo de población, especialmente en los veranos y en fines de semana. Los dulzaineros se pasan de vez en cuando entre las mesas tocando alguna melodía.
Nosotros nos alejamos un poquito del bullicio y nos tiramos junto a la orilla para comer de lo que hemos traido. Hacia el norte el cielo está cubierto de nubes muy oscuras. Se masca la tormenta.

Javier comparte una manzana con Kiko

Tenemos dos tortillas de patata, queso en aceite y alguna otra sorpresa. Y la bota de Rosa va rulando de boca en boca.

Atleeeeeeeeti

Como parece que la tormenta no acaba de venir y se disipa un tanto, nos echamos un rato la siesta.
Sobre las cuatro decidimos iniciar la vuelta a Muriel. Se nos ocurre hacerlo bordeando el pantano, pero pronto desistimos de la idea. El nivel de las aguas está muy elevado. Probablemente los senderos que haya por la orilla están tapados por el agua e ir sorteando la vegetación puede ser un infierno. No nos queda otra que volver por el camino de ida. Pero no nos importa, pues era un camino bien bonito.

Ya se divisan las casas de Muriel

Y, finalmente, nos libramos de la tormenta. Incluso disfrutamos, a la entrada de Muriel, de unos momentos de relax.

Momentos de relax

Pero los truenos retumban ya cerca y a poco de llegar a los coches cae un buen aguacero primaveral.


EMBALSE DE BELEÑA:
Construido en 1982 para remansar las aguas del río Sorbe.
Sus aguas se emplean para el regadío y para el abastecimiento de localidades como Alcalá de Henares. Guadalajara, Azuqueca, Fontanar, Yunquera, Alovera, Mohernando, etc.

ERMITA ANTIGUA DE PEÑAMIRA:
Se hallaba a la vera del río Sorbe, en lo más profundo del valle, frente al barranco de Peñamira, pero quedó sumergida por las aguas al construirse el embalse de Beleña.
En los años de extrema sequía, sus ruinas emergen de entre las aguas y quedan al descubierto.
Cuenta una leyenda que fue fundada en el lugar exacto donde la Virgen salvó a un caballero de morir a manos de los moros, llevándolo por los aires de un lado a otro del río Sorbe.
En su interior se guardaba una talla románica de la Virgen, con el Niño en las rodillas, pero fue destruida en el verano de 1936, al comienzo de la Guerra Civil, y sustituida por otra talla que no tenía un especial valor artístico.
En 1984, a propuesta del periódico Nueva Alcarria, un grupo de buceadores madrileños intentaron rescatar la moderna talla, pero fue en vano. Tan solo lograron recuperar algunos sillares esquineros y dovelas, utilizados en el levantamiento de la nueva ermita.

ERMITA NUEVA DE PEÑAMIRA:
Se alza al pie del cerro Bermejo, en la orilla occidental del embalse de Beleña, en un lugar con magníficas vistas sobre sus verdes aguas. Fue erigida en 1997.
Es de color ocre y su puerta da la espalda al pantano.
Su zócalo de cantos procede de un antiguo corral de ganado.
En su interior, se aprecian los sillares y arcos de la antigua ermita.

ROMERÍA A PEÑAMIRA:
Se celebra el último sábado del mes de mayo.
Acuden gentes de La Mierla, Muriel, Aleas, Beleña de Sorbe, Torrebeleña, Puebla de Beleña y Montarrón.
El éxodo rural afectó fuertemente al campo de Peñamira en los años sesenta, sus pueblos quedaron semiabandonados y dejó de hacerse la romería a la antigua ermita. A raíz de la construcción de la nueva ermita, volvió a celebrarse la romería, aunque en su nuevo escenario.

 
BIBLIOGRAFÍA:
"Rutas fáciles para conocer Guadalajara" (M.J. Ramos, A. Ramos y S. Rubio). Editorial Aache. Ver ruta nº 4.
"Veredas y caminos de la Ribera" (Francisco Martín). Editado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Ver páginas 99 a 103.

ENLACES: