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domingo, 22 de abril de 2018

La fábula de los zánganos y el cocodrilo (22 de abril de 2018)

Éranse una vez varios zánganos que se escaparon de su colmena, aprovechándose de que la abeja reina yacía en su alcoba con un abejorro, y se fueron hasta Canto Cochino para conocer La Pedriza.

A los zánganos no les hacía mucha gracia la idea de cargar con las mochilas durante toda la ruta y alquilaron un burro a un arriero que pasaba por allí para que les llevara sus pertenencias. Son unos listillos estos zánganos.






Maravillados por los impresionantes riscos de La Pedriza, los zánganos ascienden trabajosamente, todo un oxímoron, pues los zánganos, como es bien sabido, siempre le han tenido alergia a eso del trabajo y del esfuerzo.

Al llegar al pie del Cocodrilo, los zánganos se introducen en el Callejón de Abejas, que remontan en su integridad para luego girar a la derecha y comenzar el descenso hacia el collado de la Ventana, donde se sentarán a comer.






















El zángano de las patas largas




Tras la comida, los zánganos, amantes de haraganear, se echan a dormir y en este fatal momento de abandono, un gigantesco saurio, que escapó a la extinción del Terciario y desde entonces vive en este laberinto pétreo que es La Pedriza, se abalanzó sobre ellos, abrió sus enormes fauces y se los tragó a todos de un solo bocado. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.




Última imagen tomada de los zánganos


Y La Pedriza quedó desierta


Y la moraleja de esta historia, que no está tomada ni de las fábulas de Lafontaine, ni de los cuentos de los Hermanos Grimm, es la siguiente: En la montaña uno debe permanecer siempre alerta porque el peligro acecha detrás de cada piedra.

martes, 6 de septiembre de 2011

A las Torres de la Pedriza por el Callejón de las Abejas (4 de septiembre de 2011)

Tras las vacaciones estivales, se inaugura una nueva temporada senderista. Como es habitual en los reencuentros, cada uno cuenta un poco dónde ha estado y qué ha hecho:
- Yo estuve dos semanas en Punta Cana.
- Pues yo en Benidorm.
- Yo me fui a Tanganika, a hacer un safari.
- Y yo me puse morao de marisco en Sanxenxo.
- Yo me fui con la churri aquí al lado, al pueblo, en Toledo, nos tiramos todo el mes allí, que ahora con la crisis...
En fin, lo habitual.

Este hombre estuvo en Tanganika, con las orangutanas

Éramos diez. Tras encontrarnos en Canto Cochino y tomarnos un café, nos ponemos en movimiento, con idea de dirigirnos hacia el Callejón de las Abejas.

Algunas caras nuevas o casi nuevas

No acertamos a coger la subida correcta hacia el Callejón de las Abejas y durante un rato caminamos un poco a tientas, sorteando los obstáculos que la Naturaleza nos plantea en forma de rocas, pinos, etc. Pero muy equivocados no andamos, pues se siente próximo el zumbido de las abejas. Y efectivamente, terminamos por salir al sendero principal, balizado con hitos, que asciende por el Callejón de las Abejas.


Ascenso por el Callejón de las Abejas


Al llegar a la altura del Cocodrilo, en el que vemos a algún escalador, abandonamos el Corredor de las Abejas por otro sendero que sale hacia la izquierda y va rodeando la Aguja del Sultán.

Los hombres de negro (men in black)

Estamos en una zona de la Pedriza poco transitada. Nuestra idea es acercarnos hasta el pie de los Tres Hermanitos.

Los Tres Hermanitos asoman por encima de los pinos


Hay algunos hitos, pero hay que andarse con cuidado pues el sendero está poco pateado y es fácil perderlos. Lamentablemente nos echamos demasiado hacia arriba, perdemos los hitos y no llegamos hasta los Tres Hermanitos. Estamos subiendo por lo que creemos es el Callejón de la Esfinge. A partir de aquí, viendo que no vamos a cumplir el plan inicial, decidimos improvisar, caminamos un poco en horizontal y descendemos hasta unas rocas desde las que echamos un último vistazo a los Tres Hermanitos, que quedan un poco más abajo.
Ahora el objetivo son las Torres, por lo que volvemos a ascender hasta enlazar con el PR que señaliza la Integral de la Pedriza.

Rumbo a las Torres

Paisaje pedricero
Obsérvese a la derecha la roca plana en curioso equilibrio

Dejamos a un lado el risco del Ventanillo, llegamos al pie de las Torres y nos sentamos a comer allí mismo. Todavía habrá quienes, tras un corto descanso, se planteen el reto de trepar hasta una de las Torres.

Los más cañeros en la Torre del fondo

Reanudamos todos la marcha y caminamos por el vistoso tramo que, por detrás de las Torres, nos conduce hacia el collado del Miradero.


Se intuyen algo los perfiles de las Cabezas de Hierro

En dirección al collado del Miradero

Desde el collado del Miradero bajamos, como tantas veces hemos hecho, por el sendero que se dirige hacia Los Llanillos y Cuatro Caminos. El resto no tiene mayor historia.

ALGUNOS ENLACES: