jueves, 13 de noviembre de 2014

Corrupsendas en La Jara (8 a 10 de noviembre de 2014)

La corrupción, con sus siniestros tentáculos, ha terminado por salpicarnos y la Justicia, lenta pero inexorablemente, avanza y estrecha su cerco en torno a nosotros.
En tal tesitura lo mejor es poner tierra de por medio y escapar a La Jara toledana, una tranquila comarca rural. Probablemente no lograremos eludir la acción de la Justicia, pero al menos pasaremos unos días tranquilos y podremos dedicar los ratos muertos a preparar una línea de defensa que suene convincente.
 
 
Presuntos inocentes
 
 
En el viaje de ida vamos escuchando en el coche la música de un grupo folk toledano, los carpeños de Vigüela, que interpretan coplas, jotas y otras melodías populares. Es una forma de ir ambientándonos.
 
 
 
 
Vamos a alojarnos un par de noches en un sencillo albergue que hay en el pueblo de Mohedas de la Jara. Junto al albergue funcionaba hace años el museo castellano-manchego del juguete, gestionado por la fundación viguesa Raquel Chaves, pero tuvo que cerrar por problemas económicos que las administraciones no supieron solucionar. Ya no puede contemplarse la valiosa colección de juguetes que albergaba. La vida, señores, la vida... Este mundo no entiende de sentimientos.
 
 
Viendo a Artur Mas
 

 
Cicleando por la Vía Verde
 
A la Vía Verde de la Jara se la conoce también como la Vía Fantasma, pues por ella no llegaron nunca a circular los trenes.
A pesar de que Santi sufrió un síndrome confusional transitorio, conseguimos presentarnos pasadas las once de la mañana en el punto de alquiler de bicis, la estación de El Campillo - Sevilleja y recorrimos el tramo de la vía que une esta estación con la de Santa Quiteria (unos 28 km., ida y vuelta), atravesando un total de cinco túneles y pasando junto al embalse de San Vicente y el apeadero de La Cervilla.
La única incidencia fue un pinchazo que tuvo el menda. Pero Santi ya había dejado atrás su síndrome confusional y rápidamente se aprestó a cambiarme la cámara.
 
 
 
 




 
 
 
 
 
 
 
 
 



 
 
El Valle de los Castaños

Desde Espinoso del Rey echamos a andar por el viejo camino que lleva a Robledo del Buey y remonta el Valle de los Castaños.
Abandonamos el pueblo entre campos de olivos y huertos en los que crecen las higueras y otros frutales.
Pronto nos sorprenderá la variedad de vegetación que nos va saliendo al paso. Chopos, algunos castaños centenarios de buen porte, encinas, alcornoques, quejigos, robles melojos, cornicabra, jaras, madroños, brezo, etc. Lo único que no encontramos, pese a la insistencia de George, son serbales. Y tras caminar un buen rato llegamos por fin a la linde del pinar.
Fue un día redondo para los recolectores neandertalensis, que se colocaron a base de madroños, aunque si llegar a la intoxicación etílica.
Hubo también una recolectora que no tuvo suficiente con esto e hizo también acopio de olivas, castañas y todo lo que le iba saliendo al paso. Hasta níscalos encontró entre los pinos resineros de repoblación. Por cierto, a punto estuvo de acabar en el cuartelillo. Al menos fue interrogada por un coche de policía que se paró a su altura. Por un momento pensé que eran los de la UDEF, que se habían desplazado hasta aquí siguiéndonos la pista.
 
 
 
 
 


La Nava de Ricomalillo


 
El cerro de San Vicente

De vuelta a Madrid nos acercamos a la Sierra de San Vicente o del Piélago, unas montañas graníticas, de cumbres redondeadas y perfiles suaves, que se yerguen al sur de Gredos, separadas por el valle del Tiétar.
Aquí instaló su cuartel general el legendario Viriato, el caudillo lusitano que mantuvo durante años en jaque a las legiones romanas, a las que tendía sorpresivas emboscadas.
Desde El Real de San Vicente ascendimos a una de las principales elevaciones de esta sierra, el cerro de San Vicente (1.322 m.). Una ruta clásica, que remonta un extenso castañar. En la cumbre tuvimos que buscar resguardo para comer, pues el aire era frío. Ya se siente el invierno.




En lo alto del cerro de San Vicente hay una cueva en la que iberos y romanos rendían culto a Venus (y de hecho se conocía como Mons Veneris o Montaña de Venus a esta elevación), y en la que en el siglo IV se refugiaron los santos mártires Vicente, Sabina y Cristeta, hoy patrones de Talavera, huyendo de la persecución decretada contra los cristianos por Diocleciano. Sobre la cueva se erigió en el siglo XVII una ermita, cuyas ruinas son hoy visibles. Sobre un promontorio rocoso, ligeramente al sur de la cumbre principal, quedan aún las ruinas de un castillo templario de los siglos XI y XII (apenas dos torres desmochadas), construido sobre una atalaya circular musulmana.




Documentos
Información sobre la Vía Verde de la Jara
Folleto en PDF sobre la Vía Verde de la Jara

Enlaces
Vía Verde de la Jara
Cerro de San Vicente (por Andrés Campos)
 

domingo, 2 de noviembre de 2014

De Bustarviejo a la Torre de la Mina y al pico Mondalindo (25 de noviembre de 2012)

En esta ocasión comenzamos a andar a las afueras de Bustarviejo, concretamente en el paraje conocido como Fuente del Collado, que se encuentra a kilómetro y medio del pueblo, en dirección a Miraflores.
Tomamos el GR 10.1 en dirección al puerto de Canencia. Recuerdo que a la izquierda del camino vimos algunas matas de endrinos. Enseguida abandonamos este sendero para ascender por el barranco que lleva hasta la Torre de la Mina. 
 
 
 
   


 
 
 
Una bocamina y una tolva  


La machacadora de mandíbulas y la trituradora giratoria


Tras deambular un rato por lo que queda de esta antigua mina de plata, alcanzamos el collado Abierto (1.620 m.) y tirando por el cordal a mano derecha subimos por la loma de la Albardilla (1.642 m.) hasta la cumbre del pico Mondalindo (1833 m.). El desnivel hasta aquí fue de unos 500 metros. La bajada no recuerdo exactamente por dónde fue, han pasado ya dos años, pero les garantizo que conseguimos bajar. Puede verse por las fotos que tuvimos tiempo pocho con niebla.






La Torre de la Mina
Esta instalación pertenecía a la antigua mina de plata de Bustarviejo. Se ubica en el paraje conocido como Cuesta de la Plata, a unos 1.430 m. de altitud, próxima a las bocaminas y a los pozos más antiguos.
Fue construida hacia 1660 por un indiano que retornó de América.
Era realmente un molino eólico, utilizado para moler el mineral extraído antes de su fundición.
En 1983 fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC).
Dado su precario estado y la pérdida de algunos mampuestos, tuvo que ser restaurada en 2005.

La minería de la Cuesta de la Plata
La actividad minera se inició en este paraje en la segunda mitad del siglo XVII y se mantuvo, con altibajos, hasta finales de la década de los 70.
En sus primeros tiempos se fueron abriendo una serie de pequeñas bocaminas, dispersas por la ladera, que en siglo XIX se integrarían en una única explotación minera.
Pueden contemplarse dos artilugios empleados en la molienda o trituración del mineral durante los últimos años de funcionamiento de la mina: la machacadora de mandíbulas y la trituradora giratoria primaria o cono Simons. Estos dos elementos de molienda realizaban la misma función que la torre del molino, aunque separados por unos 300 años en el tiempo. El mineral extraído pasaba en primer lugar a la machacadora de mandíbulas y de ella a la trituradora giratoria para ser objeto de un proceso de trituración más fino.

Enlaces
Torre de la Mina (por Andrés Campos)

De la Pradera de Navalhorno al Cerro Pelado: por los Pinares de Valsaín y el río Eresma (1 de noviembre de 2014)

Madrid se despereza tras la noche de Halloween. Las calles y zonas verdes próximas a Moncloa están plagadas de papeles, plásticos y todo tipo de desperdicios. Va a ser cierto que esta es una noche de terror.




La ruta de hoy se inicia en la Pradera de Navalhorno, que se extiende a ambos lados de la carretera que baja del puerto de Navacerrada a La Granja.
A menos de un kilómetro se encuentra Valsaín, un pueblo de hacheros en el que se conservan las ruinas de la Casa Real del Bosque, un palacete construido a finales del siglo XIII por el rey castellano Sancho IV, al que su esposa María de Molina dotaría de un maravilloso parque y una hermosa avenida de estatuas. Se dice que Pedro I se retiraba a menudo a Valsaín para practicar la caza y que Isabel la Católica pasaba también aquí algunas temporadas, dada su proximidad al Alcázar de Segovia. El palacio sería reformado en tiempos de Felipe II y resultaría finalmente destruido, a consecuencia de un incendio, durante el reinado de Carlos II el Hechizado.
 
 
 Casa Real del Bosque


Valsaín: hiedra rojiza y madera sacada del pinar


Subiremos hasta el Cerro Pelado (1.614 m.) atravesando prados, robledales y finalmente pinares.
Desde unas rocas que hacen de mirador se domina el Pinar de Valsaín en toda su extensión, cerrado por las cumbres de Peña Citores, Los Cogorros, Siete Picos, Cerro Ventoso, La Camorca, etc. Por encima de ellas, en un segundo plano, descuellan La Bola, Valdemartín, las Cabezas de Hierro, el Montón de Trigo o La Pinareja.
Tumbados al sol en una pradera, como los lagartos, disfrutamos de las suaves temperaturas de este otoño bonancible. Hay que aprovechar estos momentos antes de que lleguen los fríos invernales.
 
 
Vacas sueltas en el pinar
 
 
Vistas de Siete Picos
 
 
En el Cerro Pelado
 
 
Perderemos altura por el pinar hasta alcanzar el río Eresma a la altura del área recreativa de Los Asientos.
Descenderemos por el Camino de las Pesquerías Reales, a la orilla del río, hasta la altura del Puente de los Canales, un acueducto construido en el siglo XVI para suministrar agua al palacio real de Valsaín. Cruzando dicho puente, llegaremos en poco más de 20 minutos al punto de partida.


Puente de los Canales


Enlaces
Valsaín en la web de Segovia Sur